Mis primeras palabras

Muchos de mis inexistentes lectores ya lo sabéis, porque me veis habitualmente. A otros os cogerá de sorpresa. La cuestión es que he sido elegida alcaldesa de mi pueblo.
No concibo mejor dedicación ni tarea que me guste más que ésa. Es una cuestión vocacional. No sé si lo haré bien o si lo haré mal. Pero sí sé que voy a poner todo mi corazón, mi alma y mi inteligencia en ello.
Este blog es un espacio que mantengo expresamente al margen de mi actividad política desde hace ya mucho tiempo. Es un cajón aparte, otra faceta de mi vida. No obstante, he pensado que sí tiene cabida aquí el discurso de aceptación del cargo de alcadesa. Entre otras cosas porque así no se me pierde en la maraña de carpetas y subcarpetas de mi ordenador.
Ahí va.

Compañeros de corporación, vecinos y vecinas de La Almunia:

Le he dado muchas vueltas a cuáles podrían ser mis primeras palabras como alcaldesa de La Almunia. Y finalmente, mis primeras palabras no van a ser mías, sino de Gómez Manrique

Nobles, discretos varones
que gobernáis este pueblo:
en aquestos escalones
desechad las aficiones,
codicias, amor y miedo.
Por los comunes provechos
dexad los particulares.
Pues vos fizo Dios pilares
de tan riquísimos techos,
estad firmes y derechos.

Estas son las palabras que se leían en una placa de cerámica que estaba colocada en las escaleras del Ayuntamiento hasta su reforma y que aprendí de memoria porque las leía cada vez que subía de la mano de mi padre, Paco Gracia, cuando entraba a medio día, después de cerrar la tienda, a mirar algún expediente de los que llevaba Serafín Latorre.
También las leía años más tarde, cuando yo misma ya era concejala con apenas 26 años, y era yo quien subía a mirar expedientes. Entonces era alcalde Victoriano Herráiz y lideraba el grupo socialista mi amiga Teresa Hernando.
Esas mismas palabras seguían allí muchos años después y seguí leyéndolas muchos días, siendo ya alcalde Pascual Garcés y estando de concejal mi marido, Jesús Ballestín.

Como véis, en estos años han pasado muchísimas personas por los muros de este ayuntamiento. Muchísimas más son las que las habrán leído o escuchado desde que su autor las escribiera, y sabía muy bien lo que decía porque él mismo fue alcalde de Toledo, allá por el siglo XV. Un alcalde ejemplar y un poeta magnífico, según dicen. Tenía que serlo, porque sus palabras siguen vigentes 600 años después de haberlas escrito.
Es cierto que algunas cosas importantes sí han cambiado.
Para empezar, que esta corporación no recibe su autoridad y su mandato de dios, como sucedía entonces. Nuestro mandato y nuestra autoridad viene de nuestros vecinos. Es su voluntad, expresada con los votos, la que nos ha sentado aquí y la que ha decidido quién gobierna este ayuntamiento. Somos un ayuntamiento democrático y ese es, para mí, el más sagrado de los mandatos. Los votos nos colocan y los votos nos quitan de aquí. Su voluntad es inapelable. La alcaldesa y los concejales somos “primus inter pares”: los primeros entre iguales, uno más entre los vecinos. Y a nuestros vecinos nos debemos.

También hay otro verso que ha cambiado. “nobles, discretos varones”. Ahora, además de varones, gobernando este ayuntamiento hay mujeres. Las ha habido desde hace mucho tiempo, creo que la primera concejala ya fue Carmen Saura allá a principios de los años 80. Pero hoy, por primera vez en la historia de nuestro pueblo, la alcaldesa es una mujer. Y este honor ha recaído sobre mí, lo que me llena, sinceramente, de un orgullo infinito.
Honestamente, no creo que el ser mujer sea en sí mismo un valor añadido o un hecho diferencial. Una mujer no es mejor gobernante que un hombre por el simple hecho de ser mujer. Pero tampoco es peor. Hay mujeres que gobiernan bien y hay mujeres que gobiernan mal. Igual que pasa con los hombres. Lo que debemos valorar no es tanto que una mujer sea alcaldesa como que las mujeres adquiramos esa visibilidad, que asumamos posiciones de responsabilidad y que ejerzamos nuestro propio estilo de liderazgo que, ese sí, es distinto del masculino. No sé si mejor o peor, pero sí distinto. El mío, al menos, lo es.

Quería reflexionar brevemente sobre esto porque en realidad hoy asistimos a otra circunstancia histórica en nuestro ayuntamiento. Por primera vez dos de nuestros concejales, que además son mujeres, son de nacionalidad rumana. Delia es concejala por el Partido Popular y Zita es concejala por el Partido Socialista, y asume importantes responsabilidades de gobierno.
Cuando las mujeres comenzaron a ser concejalas, ministras o juezas, muchos españoles cuestionaban que una mujer estuviera capacitada para serlo, simplemente por el hecho de ser mujer. Creo que, 30 años después, nadie se lo plantea ya. Los más jóvenes ni siquieran estarán entendiendo lo que cuento.
Con los vecinos de origen extranjero pasará lo mismo. Almuniense es quien vive y convive en La Almunia, haya nacido aquí, en Ricla o en cualquier otro punto del globo. Y quien aquí vive y convive, construyendo pueblo, también es uno de los ladrillos que conforma este ayuntamiento. Que entren a formar parte de la corporación no tiene gran importancia real, pero sí simbólica.
Somos un pueblo diverso gobernado por personas de orígenes y creencias diversas. Esta es nuestra gran riqueza. La corporación, integrada por sólo 13 personas, no es otra cosa que una pequeña muestra de esa diversidad: hombres y mujeres de diferentes edades, ideologías, orígenes, intereses y creencias religiosas unidos por un mismo objetivo y con un mismo mandato: trabajar por el bien común.

Los concejales, con su alcaldesa al frente, no debemos olvidar esto. Que nos habéis elegido por ser como somos, y que así debemos seguir siéndolo.
Creo que así se entienden mucho mejor las palabras de Gómez Manrique con las que comenzaba mi discurso, y que no son muy diferentes de lo que se viene reclamando por la ciudadanía en calles y plazas de toda España: trabajar por el bien común y no por intereses particulares. Gobernar con honestidad, humildad, valentía e imaginación. Y ser conscientes de que los concejales, los políticos, somos los pilares de la casa más importante de un pueblo, que es su Casa Consistorial. Por eso debemos mantenernos firmes y rectos.

Todos los concejales que hoy están sentados aquí, todos los que nos han precedido desde hace 40 años y todos los que nos continuarán, trabajan por el bien común del pueblo. Dedican lo mejor de sí mismos a trabajar por su pueblo. Sólo por eso, todos ellos se merecen el aplauso y respeto de los vecinos.
Todos queremos el bien común. Pero cada uno entendemos qué es ese bien común de una forma o de otra. Ahí entran las propuestas ideológicas, los programas, los partidos. En mi caso, mi proyecto de pueblo, lo que yo creo que es el bien común, pasa necesariamente por mi forma de entender la vida. Me han preguntado muchas veces cual es mi proyecto para La Almunia, y así lo resumo yo: quiero una comunidad de hombres y mujeres libres, iguales y felices. Para eso vamos a trabajar.
– Para que La Almunia sea una comunidad de ciudadanos, y no sólo de trabajadores. En la que la educación, la formación, la cultura y el deporte no sean cuestiones mercantiles sino vías para construirnos como personas y como sociedad.
– Para que La Almunia sea una comunidad dinámica también económicamente, potenciando su industria, su agricultura, su comercio y todo aquello que pueda ofrecerle prosperidad económica.
– Para que La Almunia sea una comunidad diversa pero cohesionada, construida con la participación de todos y que atienda debidamente a todos sus colectivos.
– Para que La Almunia se plantee cual es su presente, pero también hacia dónde quiere caminar en el futuro. Consolidando proyectos como la Escuela Universitaria, que nos hace únicos y nos ha dado tanto durante tantos años.
Hace unos 50 años, por circunstancias que no estaría de más estudiar, en La Almunia se pusieron en marcha casi simultáneamente varios proyectos que acabarían transformándola para siempre y haciendo de ella un pueblo mucho mejor de lo que era: la Cooperativa cosanse, los centros educativos públicos, el colegio Salesiano y la Eupla, el Salón Blanco. Nuestro pueblo ha prosperado gracias a la cultura y al conocimiento. No lo olvidemos nunca. No debemos dejarlo perder.

Como véis, el trabajo que se nos plantea es ingente. Y el equipo de gobierno que encabezo está deseando ponerse a trabajar. Eso será ya el lunes.
Hoy sólo me queda, para terminar mis palabras, expresar mi agradecimiento.

– Gracias a todos los votantes que habéis expresado mayoritariamente vuestro apoyo a mí, al equipo que presento y a la propuesta que planteamos. Gracias a los vecinos que nos votaron y también a los que no lo hicieron. Vamos a gobernar para todos vosotros, y a partir de ahora soy la alcaldesa de todos.
– Gracias a todos los que nos antecedéis como concejales, y que ya no vais a estar en esta corporación: Eva, Nines, Jesús, Mamen, Sonia, Sergio… Expresamente, y en nombre de todo el pueblo, gracias a Victoriano Herráiz por su dedicación como alcalde durante estos años.
Gracias, por supuesto, a Pascual Garcés, primer alcalde socialista de La Almunia en la democracia, compañero y amigo del alma, de quien tanto he aprendido y de quien aún tengo tanto que aprender.
– Gracias a los compañeros de CHA, con quienes ha sido muy sencillo colaborar desde el primer momento y con los que vamos a hacer un excelente equipo de gobierno, sin ninguna duda. Nuestra sintonía en propuestas y planteamientos es total, y la confianza mutua también.
– Gracias a quienes nos habéis ayudado durante mucho tiempo para llegar hasta aquí, y con cuya ayuda segura contamos a partir de ahora.
– Y, por último, y como siempre, gracias a nuestros presentes y gracias también a nuestros ausentes porque sin ellos nada de esto tiene sentido.

La Almunia. 13 de junio de 2015