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De pronto te das cuenta que el otoño ha acariciado los chopos del patio de juegos; en el borde del camino, allí donde corre el agua, junto a las cañas, las moras se ofrecen exultantes, desinhibidas, de rojo y negro. Los chiquillos en bicicleta juegan, arriba y abajo, una y otra vez, apurando la tarde fresca. Mi perro lame un charco de lluvia.
Agosto camina. El fin se acerca.
(tres años después vuelvo a estar de humor para escribir, queridos)
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