El experimento del experimento


Hace unos días pedí a varios amigos artistas que tengo por facebook su opinión sobre un experimento: un artista realizó una serie de autorretratos estando en la realización de cada uno de ellos bajo los efectos de una droga diferente.

http://thechive.com/2012/08/09/self-portraits-done-to-a-different-drug-every-day-45-photos/?utm_content=buffer48a0b&utm_source=buffer&utm_medium=twitter&utm_campaign=Buffer

Mi experimento consistió en preguntar a los artistas qué pensaban del experimento. Para mi sorpresa, sus respuestas se centraron en la calidad de los retratos.  En el resultado artístico. Que parece que no era demasiado bueno.

Qué cosas. A mí lo que me había sorprendido del experimento era, precisamente, la utilización de las drogas y cómo podían determinar el resultado, o la percepción, o la técnica… Qué se yo, la verdad es que mi cultura plástica es bastante limitada.

Mi experimento me dio mucho que pensar. Mi primera conclusión es que la obra de arte no la produce una droga sino una persona. Es decir, que no hay droga que convierta en artista a quien no lo es.  Es una conclusión bastante obvia, pero es una conclusión, al fin y al cabo.  Una conclusión que lleva a otra: a la hora de analizar una obra de arte -o una producción artística- poco importan las condiciones en que se llevó a cabo. Las condiciones no determinan la bondad del resultado. O sea, que no nos importa que Billy Holliday fuera adicta a la heroína, o que Van Gogh sufriera crisis psicóticas. Y por la misma razón, tampoco nos importa que un cuadro esté pintado con el pie porque el pintor no tiene brazos.

Así que aquí tenemos otra conclusión: la valoración de la obra de arte es cosa muy distinta que la valoración que hagamos de la persona que hizo la obra. Porque claro, los cuadros pintados con el pie pueden ser horrorosos y cursis, pero tienen mucho mérito y por eso compramos las postalitas (si cambiamos el orden de las oraciones y decimos “los cuadros pintados con el pie tienen mucho mérito pero son horrorosos”, entonces ya no compramos las postales). Aquí es donde entra nuestra postura y nuestra actitud como “espectadores del arte”.

Cuando valoramos la obra nos guiamos por unos parámetros mucho más objetivos -o, al menos, asépticos- que cuando valoramos a la persona. Cuando valoramos principalmente a la persona, nuestro juicio estará totalmente condicionado por nuestros sentimientos. Así que si tienes un tío jubilado que ha decidido que su gran vocación es pintar, aunque jamás había cogido un pincel, y comienza a producir en serie lienzos con bodegones y rincones de su pueblo, pues te callas tu opinión técnica, le reconoces el esfuerzo y hasta cuelgas un cuadro en un rincón de tu pasillo (o, al menos, le dices que sí, tío, que lo tengo colgado, precioso el bodegón).

Seguí llegando a conclusiones mientras caminaba con mi Simba. Conclusiones colaterales, como que ésta quizá sea la diferencia entre la producción artística “profesional” y la “aficionada”. O que quizá no sea tan malo no perder de vista la valoración de la persona, al fin y al cabo, el arte es un camino de expresión al que todos tendríamos que tener derecho, y abandonarlo únicamente porque nuestro resultado no es excelente sería castrante para la persona y también para la sociedad. En realidad, algo así me pasa a mí con el piano, que no soy capaz de tocar en público porque veinte años después sigo sintiendo el miedo del examen ante el tribunal del conservatorio y me sudan las manos, me tiemblan las piernas, se me nubla la vista… Una castración total, porque yo necesito la música para expresarme, como necesito las palabras, pero no puedo expresarme en público como lo hago a solas…  Y al final todos perdemos: yo pierdo, pero también los demás, porque ¿de qué sirve el arte si no se comunica, si no se comparte y no se disfruta por la comunidad? Es más: ¿para qué sirve el arte  en soledad? ¿para qué sirve un cuadro si nadie lo mira, o una partitura si nadie la toca, o un poema si nadie lo lee?

En fin, ya veis, se me va bastante la pinza. Es que tengo una facilidad para la abstracción y el desvarío…

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5 comentarios en “El experimento del experimento

  1. los artistas van siendo legión que pasa todos los controles habidos y por haber.
    Y no queda otra: que el arte se nos meta a todos por las orejas, incluidos los críticos de la cosa, que también son legión pero sin taxonomía clara, de momento.
    de aquí a poco, todos artistas, todos opinadores y todo el mundo igual, como vestirse en Zara.

  2. Bastante interesante el artículo y los autoretratos también. La producción aficionada y sobre todo bajo los efectos de alguna droga, parece una producción profesional o por lo menos eso pareciera. Conozco pinturas de algunos profesionales que tienen la misma pinta. Excelente artículo. Felicitaciones.

  3. A mi me han encantado tus reflexiones, Marta. Muy inteligentes y acertadas. El Arte no sirve para nada. Debe ser por eso que es tan difícil vivir del Arte. Porque a nadie le sirve y como no me sirve…… pues.
    El Arte está para sentirlo, para emocionarte, para sentirnos a nosotros mismos, paraaaaaa, pues para estar aquí, como estoy contigo, sintiéndonos mutuamente, a solas.
    Todo lo demás da lo mismo. Vanidad de vanidades, Egos. Mercados. Mierda. Asco.
    Tu y yo somos las que contamos. Este soplo de vida en la distancia. Esta conciencia mutua. O cuando a tu madre le salen los versos de esquina y diez. A lo Bela Bartok. Cuanta emoción que no se puede describir. Cuanto sentimiento.
    Esto es todo cuanto tenía que decirte, Marta.
    Aunque te diría tanto.

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