Y hasta las ranas decían “Roque, Roque, Roque”


Hoy es San Roque y la virgen de Agosto. Fiesta en media España.

 

Mi abuelo Manuel era un gran contador de historias, un pozo sin fondo de versos, cuentos y recitados  La virgen del pozo que un milagro hació, Modulaba su voz con mucha intención se cayó un hombre a un pozo pero no se ahugó Colocaba las pausas a la perfección (porque no había agua). Y su cuerpo y sus manos se movían con elegancia para que comprendiéramos lo que las palabras no decían pero se esnucó. 

Manuel tenía chispas en los ojos y caramelos de menta en los bolsillos.

A Manuel no le gustaban los curas. A su mujer, sí. A Manuel no le gustaban los médicos. A su mujer, sí. Pero a Manuel no le gustaba discutir con su mujer, así que su aversión a los galenos y las sotanas se quedaba en pequeños actos de rebeldía inofensiva. Entre ellos, los poemas escatológicos cacus caca cacare, caga el rico caga el pobre y los cuentos como éste, que viene al pelo para celebrar el día de San Roque.

Un día se quejaba un curica, hablando con otro, de que había recibido el encargo de dar la misa mayor en honor del patrono de un pueblo de por aquí cerca. 

– ¿y por qué te quejas, si te pagarán buenos reales por dar esa misa?

– ¿cómo buenos reales? el año pasado fui, y les hice una misa bien apañada, y no me dieron más que dos. Una miseria y unos miserables, eso es lo que son. 

– ¿cómo? ¿pero es que no sabes tú cómo funciona la cosa en ese pueblo?

– yo no sé nada, ¿qué tengo yo que saber?

– pues hombre de Dios, que la costumbre en ese pueblo es pagar al cura con un real por cada vez que nombre a su patrono, a San Roque, durante la misa. Pero como son muy “pretos”, invitan siempre a curas novatos que no conozcan esta costumbre para que les salga la misa más barata. 

– ¡vaya! pues mira tú por dónde, que me voy a cobrar de un golpe lo de este año y lo del anterior. 

El curica se fue tan contento, y cuando llegó el día de la fiesta se presentó en el pueblo con todas sus puntillas y todos sus perifollos. Repicaron las campanas, todo el pueblo se sentó en la iglesia y el curica comenzó su sermón. 

– “Ahhh, San Roque, San Roque, San Roque. Qué buen santo era San Roque”. 

Al fondo de la iglesia había un hombre con una cañica y una navaja. Cada vez que el cura nombraba al santo, el hombre le hacía una rajica a la caña. Ya llevaba cuatro. 

– “Era un santo, este San Roque”

Rias, rajica.

– “Tenemos mucho que aprender de San Roque”. 

Rias, rajica.

Y San Roque para arriba, y San Roque para abajo, y el hombre del banco iba haciendo rajicas a la caña, y se iba poniendo blanco y de todos los colores. 

– “Y fijaos si era bueno San Roque, fijaos si era puro San Roque, fijaos si todo el mundo quería a San Roque, que hasta las ranas decían Roque, Roque, Roque, Roque…”

¡A tomar por culo la caña!, dijo el hombre, y tiró el banco y todo de la rabia que le dio. Así que los del pueblo se quedaron con la fiesta y el curica se fue con su mulo y su bolsa llena de buenos reales. 

Anuncios

Un comentario en “Y hasta las ranas decían “Roque, Roque, Roque”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s