El uno y el otro, y III (Nocturnos de la Ventana)


SECUENCIA 3. EXTERIOR NOCHE

El uno y el otro continúan asomados a la ventana, contemplando un mar de tejados y una luna que ya no es tan inmensa, porque la luna no puede continuar llena e incólume noche tras noche. Esta noche ya no hay porro. Solo una botella de Jägermeister medio vacía y un par de vasos medio llenos.

EL OTRO: Estás muy pensativo esta noche, macho.

EL UNO: Sí.

EL OTRO: ¿Y en qué piensas? ¿En Carmelita, para variar?

EL UNO: No. Bueno sí. Pienso en lo que me ha dicho esta tarde. ¿Sabes qué me ha dicho?

EL OTRO: Pues no, qué te ha dicho.

EL UNO: Me ha dicho “tú no tienes la culpa. No eres tú, soy yo”. Así me lo ha dicho. Casi me parecía estar en medio de la película ésa, la argentina, no le faltaba más que el acento, “no soh vosz, soy sho”. (suspira y bebe un trago de Jägermeister).

EL OTRO: Pues estás jodido, tío. Eso es lo peor que te puede decir una mujer.

EL UNO: ¿Por?

EL OTRO: Pues porque sí, porque eso sólo lo dicen cuando piensan que eres tan bueno o tan gilipollas que no pueden decirte la verdad porque te romperían el corazón.

EL UNO: ¿La verdad? ¿Qué verdad?

EL OTRO: Joder, la verdad. La razón verdadera por la que te ha dejado. Que puede ser cualquier cosa, qué se yo, que se ha ligao a un farmacéutico. Que se aburre. Cualquier mierda. Mi hermana dejó a su novio porque cuando iban a follar, él colgaba los calzoncillos en una percha de pinzas. ¿Tú te crees que eso es una razón para dejar a alguien? Pues lo dejó. Y le dijo eso, “la culpa no la tienes tú, la tengo yo”. Porque claro, si le hubiera dicho que la culpa la tenía él por colgar los calzoncillos en una percha, pues se habría vuelto loco. ¿Qué mierda de culpa es ésa?.

EL UNO: Pues eso le he dicho yo a Carmelita.

EL OTRO: ¿Le has contado lo de los calzoncillos de mi hermana? No me jodas!

EL UNO: No hombre. Le he dicho que en esto la culpa no tiene nada que ver. Que una relación de amor como la nuestra nació libremente y está construida sobre la libertad, y que donde no hay ataduras, no puede haber culpa. ¿Entiendes? El amor no es una decisión racional, nace del fondo de las tripas, nace de la pituitaria, es pura intuición, neurociencia, todo eso. Pues si enamorarse no es una decisión racional, desenamorarse tampoco puede serlo. Y donde no hay decisión consciente, ¿qué culpa va a haber? ¿Entiendes?

EL OTRO: Pues no sé. Tú dirás lo que quieras, pero dos no rompen si uno no quiere. Y el que quiere, pues tiene la culpa.

EL UNO:  No, no. La culpa es otra cosa. tiene que ser otra cosa. Además…

EL OTRO:  ¿Además?

EL UNO:  Además, le dije a Carmelita que en todo caso, la culpa sería de su madre. O de la mía. No sé.

EL OTRO: ¿De su madre? no me jodas, tío. ¡Pero si su madre se murió cuando ella era pequeña!

EL UNO: La madre siempre es la responsable última de todo lo que somos y de todo lo que no somos, así como también fue responsable la madre de la madre, remontándonos en una espiral de recriminaciones hasta la noche de los tiempos, hasta la bacteria primigenia que, por no tener, no tuvo ni madre y por eso fue devorada por un sentimiento de culpa del que no pudo desprenderse porque no tenía a quién echárselo en cara

EL OTRO: ¿Y eso te lo has pensado tú solo?

EL UNO: No, lo he leído en internet

EL OTRO: ¿Y se lo soltaste así a la Carmelita?

EL UNO: Así mismo. Del tirón.

EL OTRO: Estás muy pasao, tío, estás muy pasao. Eres muy buen tío, pero estás muy pasao. No me extraña que la Carmelita te dejara.

EL UNO: Pues ahí tienes la clave del asunto.

EL OTRO: ¿Ah sí?

EL UNO: la clave está en las subordinadas. ¿Sabes? Yo siempre he sido muy buen tío y siempre he estado pasao. Mientras la cosa era “Está muy pasao pero es un buen tío”, Carmelita se quedó. Pero luego cambió el orden de los factores, ¿sabes? La oración principal se convirtió en subordinada, y la subordinada pasó a ser principal. Entonces fue cuando me convertí en un buen tío pero muy pasao. Y ahí fue cuando Carmelita me dejó.

EL OTRO: pues tú te lo dices todo.

EL UNO: ya ves.

(para entonces, ya no queda Jagermeister ni en la botella ni en las copas. Y ahí se quedan, el uno y el otro, bebiéndose la luna).

Nocturno de la ventana nº2

Nocturno de la ventana nº1

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s