Reglas


Mis queridos inexistentes lectores: es importante seguir las reglas. Esto es lo que te enseñan desde el momento en que naces y a lo largo de muchos años de educación. “Es importante dormir de noche y permanecer despierto durante el día, bebito”. “Debes parar ante el semáforo rojo y pasar cuando se pone verde”. “Lávate las manos antes de comer.

A mí, particularmente, me gustan las reglas. Hacen que la vida sea mucho más sencilla. Te evitan  sufrimientos y pérdidas de tiempo, porque valorar continuamente la procedencia o improcedencia de una conducta implica un gran esfuerzo y una incertidumbre considerable.  Yo tengo reglas para todo y raramente las quebranto. Mi regla nº 23, por ejemplo, según la cual “siempre puedes confiar en un hombre de campo. O, en su defecto, confía en quien trabaja con sus manos”. Regla que aplico por ejemplo si mi coche se queda atrapado en el barro del camino. O la regla nº 31, por la cual nunca rompo las simetrías cuando cuelgo cuadros o coloco adornos, porque “la asimetría visual es causa de desasosiego, salvo que en sí misma mantenga un ritmo equilibrado”.

Tengo otras reglas: La nº5:  “Desconfía de los cuchillos y objetos punzantes”, por la que me mantengo siempre alerta cuando me siento en un autobús o me detengo en un paso de cebra, no vaya a ser que me claven un cuchillo por la espalda. La nº17: “Cuidado con las mujeres altas”; o la nº13: “No te vayas de casa con la cama sin hacer” (esta es cosa de mi madre, comportamiento condicionado, como los perros de Pavlov).

No todas mis reglas son restrictivas. Las hay también muy proactivas: “Huevos, patatas, leche y café son tu único fondo de armario imprescindible, teniendo en cuenta que ajos, cebollas y aceite son el armario mismo” o “En una casa lo único que no puede faltar es una mesa grande y muchas sillas para que los amigos puedan compartir largas veladas contigo”.

Es interesante verbalizar las reglas que se tiene o las que se cree tener. Aunque sólo sea porque, de vez en cuando, romper las reglas es más que una obligación, casi una cuestión de salud mental.

De entre todas las reglas, sin embargo, sólo hay una que nunca puede olvidarse. La última en aprenderse,  la que más cuesta seguir; la REGLA nº1: “La única autoridad legitimada para imponer reglas a un individuo es él mismo”, que en mi formulación sería así “Antes de decidir qué es una regla de conducta para ti, decide si verdaderamente estás de acuerdo con ella”.

(En el Día Mundial de los Libros de Autoayuda y los Gurús Interplanetarios).

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3 comentarios en “Reglas

  1. Mi regla nº 3: me encanta la música brasileira; Mi regla nº 8: la libertad es la posibilidad de dudar de la necesidad de lo necesario; Mi regla nº 87: colocar es tirar; Mi regla nº 22: No por mucho envejecer se madura más temprano; Mi regla nº 1: No emborracharme con licor café porque luego no duermo y aún encima me da vueltas la cabeza;

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