Letanías del nuevo mundo


Los gobiernos deberían ocuparse de las cosas importantes. Por ejemplo del sol. Una ley debería poner orden en la jornada de trabajo del astro rey. ¿Qué tomadura de pelo es ésa, que el sol se retire a las seis y media de la tarde? ¿Es que es sueco? O la lluvia. La lluvia debería regularse mejor, quizá de lunes a jueves y siempre mansa y sostenida.

Pero los gobiernos no están pensando en lo que verdaderamente importa. Por eso yo murmuro mis letanías. Líbrame señor de las tardes oscuras de invierno. Del frío en los pies en la cama y del sádico despertador.

Líbrame señor de sentimientos inútiles como la culpa, la angustia o la soledad. Que no cieguen mi espíritu ni sofoquen mi risa.

Protégeme de los portadores de corbatas porque, fruto de la anoxia por el nudo en sus gargantas, sufren de trastornos en el entendimiento, soberbia desmedida, pérdida de memoria e insensibilidad en el corazón.

Líbrame también de los que se consideran puros, severos juzgadores del bien y del mal, inquisidores impúdicos con alma en blanco y negro, taxonomistas binarios de un Nosotros pequeño y un Mundo desdeñado.  Y guíalos por el camino torcido, porque el recto, evidentemente, les está haciendo mucho daño.

Protégeme, dios mío, de los dioses y de los que dicen ser su boca. De los gurús. De los tertulianos. De las viejas que se cuelan en las tiendas porque siempre tienen prisa. De los dentistas. De los camisas viejas. De los que cantan jotas en las bodas. De los poetas. Y de los ociosos escritores de blogs. AMÉN.

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