Sargantana


Como subida en una invisible cama elástica, saltó y saltó cada vez más alto, cada vez más lejos, hasta casi tocar la luna. Tenía la completa seguridad de regresar intacta a la colchoneta que volvería a impulsarle hacia el infinito.

Pero en el último salto se le abrieron los bolsillos y, sin darse cuenta, perdió la inocencia.

Ahora anda agarrada a las redes laterales del chiringuito con los dedos extendidos y cara de pasmo, igual que las sargantanas pegadas a las paredes de cal bajo el sol implacable de agosto.

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3 comentarios en “Sargantana

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