Lo importante es el aterrizaje


¡Aquí y ahora te reto, Angelina Jolie! ¡Aquí y ahora te desafío, Angelina, a pasar un día en el Aquapark sin perder la dignidad!

Acepto que a Angelina le queda el bikini un poco mejor que a mí. Pero ¿cómo saldría Angelina del agua después de caer -que no deslizarse- por el tobogán de los Rapids? Ella, no sé. Yo, particularmente, bajé chillando como una rata, caí como un cachalote y salí del agua con el rímel corrido, los mocos colgando y el corazón henchido de felicidad.

Son esas cosas que decimos hacer por nuestros hijos pero en realidad hacemos por nosotros mismos. En parte para demostrarnos que nuestros cuerpos aún son jóvenes. En parte, porque seguimos siendo niños. Y en parte, porque no hemos asimilado correctamente las lecciones de física que recibimos en nuestra adolescencia.

Por todo ese cúmulo de circunstancias subí la cuesta inmensa (con la lengua fuera llegué, hay que decirlo todo) y me tiré por el tobogán acuático que terminaba en piscina. Aquello me pareció una buena idea en el primer tercio del recorrido. Qué divertido el chorrito de agua, la velocidad, los ojos cegados por mis propias salpicaduras, la risa floja… En el segundo tercio del recorrido tomé conciencia del concepto “movimiento uniformemente acelerado” que me explicaba Doña Carmen en las largas y tediosas tardes de mi séptimo de EGB. Y en el último tercio del recorrido mi cerebro reunió todas las magnitudes físicas (mi masa, mi volumen, la inclinación del tobogán, la aceleración y el tiempo), realizó un cálculo aproximado y adquirió la certeza de la conclusión: “joder, joder, joder, que no voy a caer dentro de la piscina, que voy a pasar sobrevolando el agua y me voy a caer encima del socorrista!!!!!!” Qué impotencia, no había dónde agarrarse ni dónde clavar los pies, ¡mi peor pesadilla se había hecho realidad!

El tobogán terminó y mi cuerpo comenzó a volar. Durante unos segundos interminables maldije a Doña Carmen y al Movimiento Uniformemente Acelerado, me despedí de mis hijos y recordé que no le había dejado suficiente comida al perro. Y por fín, caí. A una piscina. Uffffff. Qué felicidad. Los ingenieros habían hecho un buen trabajo, parece que ellos sí habían entendido bien lo de la aceleración, la masa y la distancia. El mundo seguía girando para mí. Llegué nadando a la orilla y salí de la piscina con el rímel corrido, los mocos colgando y el corazón henchido de felicidad.

“¿A qué es superchulo, mamá? ¿Te ha gustao?” Sí, hijo mío, me ha encantado. Como decía en La Haine aquel personaje que caía desde lo alto de un rascacielos, “L’important c’est pas las chute. C’est l’atterrissage”.

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8 comentarios en “Lo importante es el aterrizaje

    • La otra es la Pataki sin maquillaje 😉 Nooo, la foto no es mía, yo estaba demasiado ocupada bajando por los toboganes como para andar con la cámara de aquí para allá. Es una foto anónima ilustrativa de la situación. Y muchas gracias por el piropo, Fernando.

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