Gallos, gallinas y filosofía


Acabo de descubrir que tampoco sirvo para sexadora de pollos, lo que sería en sí mismo frustrante si no fuera porque las gallinas me dan bastante miedo. Quiero decir, que no estaba considerando la sexación de pollos como carrera profesional; no obstante, no valgo.

Hace un mes nos regalaron cinco gallinas enanas y lo que parecía ser un gallo. Yo no quería adoptar pero mi amiga Lainés se empeñó, “sí, sí, que tendremos huevecicos todos los días y además se comerán todos los residuos orgánicos y…” y como tengo el corazón tan blando, allí se quedaron las gallinas y el gallo, en un gallinero a todo confort con reja de seguridad anti-raposa.

Durante un mes les hemos alimentado, les hemos cambiado el agua, les hemos llevado las peladuras de patata y el pan duro, las hemos contemplado… En compensación por nuestros desvelos hemos obtenido un huevo diario. Un huevo del tamaño de una nuez, porque las gallinas son enanas. “Enanas y vagas, diría yo”, en vista de la macroproducción de huevos.

Y ayer, cuando estábamos mirando las gallinas, me dice Lainés: “chica, ¿no te parece que esas tres gallinas de allí son clavadas al gallo?” Tienen la cola de gallo, tienen la cresta de gallo, tienen las plumas de gallo. Son gallos. Tenemos cuatro gallos y dos gallinas.

De esta constatación se derivan múltiples consecuencias. La primera, que como los gallos no ponen huevos (a pesar de las dudas iniciales manifestadas por algunos de nuestros amigos) ahora se explica mejor por qué sólo teníamos un huevo diario.  La segunda consecuencia es meramente valorativa: más de seis adultos atendiendo las gallinas casi a diario y hemos necesitado un mes para comprender que la gallina era gallo. Hace falta ser mendrugos. Y eso que uno vino con su libro de “El buen hortelano” subrayado y con post-it.

Luego están las derivaciones morales del asunto. “¿Qué legitimidad tenemos nosotros para imponer a un animal su sexualidad? – me decía una- Que sea lo que quiera ser, libremente. Si ha decidido ser gallina, la aceptaremos. Pero si quiere ser gallo, adelante”. Pero los gallos no ponen huevos. “Ya estamos coartando de nuevo la libertad del gallo. Si quiere poner huevos, que los ponga. La distribución de roles en función del género es una mera convención social”.

A mí me va más la sociología que la psicología, por lo que mis preocupaciones se dirigían en primer lugar a las dos gallinas. Porque menudo sinvivir para las pobres, malo es aguantar a un gallo pero a cuatro… Este gallinero iba a ser como Portero de Noche. Y luego, los conflictos serían inevitables a la hora de determinar la paternidad de los huevos.

De cualquier modo el dilema moral más profundo y urgente que se nos plantea es el siguiente: ¿debemos matar a tres gallos y dejar sólo a uno? Si no matamos a los gallos, estaremos alimentando y cuidando a tres animales que no tienen ninguna función productiva real ni tampoco pueden considerarse animales de compañía en sentido estricto (salvo que a alguno de vosotros, mis queridos inexistentes lectores, os interese colocar un gallo en el lugar de vuestro periquito). Pero si matamos a los gallos nos enfrentamos no sólo a la cosificación de la vida sino a un exterminio en razón del género. Esto es como cuando no me dejaron asociarme a una peña gastronómica sólo porque era mujer, pero al revés. Y luego está la decisión demiurgica sobre qué gallo debe vivir y quiénes deben morir.

Vale, quizás os parezca un poco excesiva la comedura de cabeza. Pero debo confesar que detrás de todo este armazón conceptual se esconde una realidad todavía más triste, más dura, más traumática: ninguno de nosotros sabe cómo se mata un pollo.

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5 comentarios en “Gallos, gallinas y filosofía

  1. En verdad se trata de una decisión interesante, que aunque pueda parecer banal tiene unos plateamientos de economía social que pudieran traducirse en cargos de conciencias futuras difíciles de asumir. Desechados los planteamientos “asexuales” reproductivos o los derivados de la necesidad de supervivencia de las especies en una época de cambio, yo sería partidario de ampliar la producción de huevos introduciendo tres gallineros más (o dividir el existente) con su respectiva gallina (adquirida o solicitada al amigo dador). Se podrían establecer también paseos semanales conjuntos de los 4 gallineros, por aquellos de la sociabilidad que tanto le preocupa. Bueno querida amiga, este inexistente lector desea que las decisones que Ud tome sean las acertadas, que lo serán.

    P.D: Excelente texto

  2. Aparte gallos y gallinas y su difícil clasificación, esta sería la lectura recomendable sin contraindicaciones para lo que nos queda de verano caliente. Y sin recortar ni una letra, que se sepa.

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