El subdirector del banco


A mi tío Manolo la vejez le ha despojado del caparazón de seriedad que le recubría y ha dejado al descubierto un interior afectuoso y entrañable.  Como quien pela un plátano, cada año que pasa le deja más desnudo y vulnerable. O quizá no ha sido un descubrimiento sino una mutación, no sabría decirlo. Porque a cada año que pasa mi tío Manolo se parece más al que fuera su suegro, Manuel.

Mi tío Manolo comenzó su vida laboral allá por los años 60, trabajando en una sucursal bancaria en Sabadell. Parece que la va a terminar también en el sector bancario porque el otro día me lo encontré sentado en la avenida, bajo la semisombra de los laureles, no sé si viendo pasar los coches o viendo pasar la vida.

“- Hola tío, ¿qué haces aquí?

– Aquí estamos, mi amigo y yo. Él es el director de este banco y yo, el subdirector”.

Y cuando me explicaba que su amigo y él están juntos desde que no medían tres palmos, dejé de entenderle bien porque se le soltó la dentadura postiza. Justo igual que a mi abuelo Manuel. En ese momento pensé que ojalá me admitieran en ese banco, aunque fuera de simple interventora. Es el único banco en el que me hubiera gustado trabajar.

 

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2 comentarios en “El subdirector del banco

  1. Querida sobrina, la única oposición que aprobaremos todos. Terminaremos quemando nuestras bondades y miserias de 10 a 14 y de 16,30 a 19,30… Que luego hay sopa. Tío Manolo

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