El frío es cosa de pobres


El frío ha vuelto de la mano del aire. Digo aire, y no viento, porque en mi tierra el viento no existe, es el aire el que se mueve. Qué hermosa esa expresión, “se ha movido el aire”, es como si el aire tuviera voluntad propia y decidiera unos días permanecer quieto y otros, en cambio, volar sin freno.

El aire movió hace un par de días y se llevó por delante, como de costumbre, todo lo que encontró a su paso. Un aire helado, huracanado. Me metí en la cama, temblando de frío, me arrebujé en las mantas y me quedé leyendo (Los Perros de Riga, excelente) mientras el cierzo ululaba fuera. De pronto noté una sensación casi olvidada: mis manos se habían quedado heladas, lo mismo que mi nariz.

Mis padres instalaron la calefacción en casa aprovechando las obras cuando nació mi hermano. Pero hasta entonces, como casi todo el mundo en la época, en invierno nos calentábamos con estufas. Estufas de butano, con su ritual de encendido y su silencioso peligro de intoxicación. Braseros eléctricos bajo la mesa camilla. Placas. Estufas de leña pintadas de color plata. Y una constante conciencia de las puertas. El calor estaba dentro y el frío estaba fuera, y la diferencia entre el frío y el calor estaba en la puerta. La puerta era el dique que contenía a duras penas al frío y la oscuridad y que delimitaba el pequeño reducto de calidez y luz donde nos refugiábamos hasta la hora de dormir.

Había olvidado la sensación de frío. Mi madre colocaba el pijama sobre la estufa para que estuviera calentito. Mi madre templaba el baño para que pudiera ducharme, una vez a la semana (los domingos, normalmente), hiciera frío o no. Incluso ponía bolsas de agua caliente en la cama cuando la cosa se ponía complicada. Pequeños parches que no conseguían hacernos olvidar que el frío existía, implacable, amigo inexorable del largo y oscuro invierno.

Llegaron las calefacciones, la prosperidad, los hogares de espacios abiertos y muebles con encanto, las revistas de decoración. En apenas tres décadas el frío se convirtió en cosa de pobres.

Veremos qué ocurre ahora, con el alza de los precios de los combustibles y con esta crisis tan pertinaz como la sequía franquista. Quizá tardemos poco en recordar que el frío y la oscuridad están ahí, que la naturaleza es implacable y que nosotros somos tan frágiles como vanidosos.

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2 comentarios en “El frío es cosa de pobres

  1. Menos mal que nos viene el veranito, ya llegará el otoño, que será caliente y no por el clima, que seguro que va en contra. Como el tiempo está loco. Ah.

  2. MIs cuñados, ya han tenido que quitarse radiadores eléctricos con acumuladores y colocarse una estufa de pellets, es imposible que puedan seguir costeando unas facturas de luz de 700€ que han pagado para calentar un pisico de 70m cuadrados.
    Así mi querida Martica, algunas personas, ya están volviendo de nuevo a lo de antes, porque a este paso el calor va a ser cosas de ricos, la educación, sobretodo universitaria, va a ser cosas de ricos, la sanidad va a ser cosa de ricos… y la inmensa mayoría no lo somos. Y yo, por suerte, no me puedo quejar, pero cada vez tengo más gente “normal” alrededor que lo están pasando putas.
    Besos corazón.

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