¿Me quedo en pie o me arrodillo?


Había pensado en dar a esta entrada un titular de impacto. Algo así como “llamamiento desesperado” o “necesito un hombre”. Pero entre mis muchos defectos (o quizá sea una virtud en algunas ocasiones) está el no suplicar. Lo espero todo pero no pido nada. No, si puedo evitarlo.

Este defecto mío me coloca en encrucijadas como la que ahora me encuentro. Porque, resumiendo y a grandes rasgos, necesito un hombre. Para bailar. Bueno, para bien necesito DOS hombres que se vengan a bailar. Porque mi amiga Rosi me ha propuesto un plan al que no me puedo negar. Vino con su sonrisa picarona y me dijo “¿nos vamos al Barswingona? Tres días aprendiendo a bailar lindy hop, tres noches de fiesta con orquesta swing en un entorno ideal y vestida para la ocasión. Es decir, baile, carnaval y comedias, todo en uno. Y encima me libro de las procesiones de semana santa, y cambio los tambores y los terceroles por la playita del Poble Nou. Eso para mí es un pastel de rica miel (y yo sería las cien mil moscas, todas reunidas).

¿Dónde está el problema? os preguntaréis, mis queridos inexistentes lectores. Pues está claro: el lindy hop es un baile de pareja. Se necesita un hombre. Y si no hay pareja, no me admiten al curso. Hay una solución de último recurso: que Rosi haga de hombre (sólo bailando, por supuesto). Pero a ella también le gusta ser mujer. Nos gusta ser mujeres. Así que volvemos a la encrucijada: ¿nos arrodillamos, suplicamos y alzamos nuestra mirada al cielo esperando que los dioses nos sean propicios, o nos mantenemos en pie y nos vamos solicas a bailar como las mujeres en las verbenas? Nada más triste que ver a dos mujeres bailando pasodobles juntas en la verbena mientras los maridos hablan de tractores en la barra. O quizá sea más triste no salir a bailar con la amiga y soportar la charla de tractores cuando en realidad estás deseando romper la pista. Es el dilema de la vida, la gran lucha intestina entre nuestro Yo, nuestro Superyo y nuestro Ello. ¿Bailas? A mí nunca me lo preguntaban cuando ponían las lentas en la discoteca. Por eso aprendí a sacar yo misma a los chicos. Eso marca carácter.

Ya lo dijo el Ché: Más vale ir al Barswingona de pie (y sola) que quedarse arrodillada. Pero tengo un refrán alternativo (siempre hay un refrán para cada ocasión): Hay que poner huevos en todos los cestos. Así que yo, de momento, lanzo al viento virtual mi llamamiento desesperado. Pero si no llega respuesta en un plazo razonable, me cojo del bracete con mi amiga y a bailar como dos rancias. Que, antes o después, ya dirá el cantante “cambio de pareja”.

Anuncios

7 comentarios en “¿Me quedo en pie o me arrodillo?

  1. Ya siento no ser hombre, pero mira que tiempos, que más da si a una mujer le gusta aprender a bailar como un hombre, para eso tanto matrimonio y tanto tanto , ay Zapatero con todo lo que ha hecho y pa esto, para que no admitan a mi amiga con la Rosi en el swing, me cachisss.

  2. ¿Ya habéis encontrado hombressss?Anda vamos con lo estupendas que estáis. Habési pensado que puede que vayan alguna pareja de amigos”hombres” al mismo sitio… ¿qui lo sa? Suerte y disfrutad.

  3. No te lo vas a creer pero esto se hace al lado de mi trabajo. a cinco minutos exactos.
    Yo no tengo un concepto del ritmo bueno y soy de andar feo o eso creo, pero antes de verte de rodillas, practico practico practico y me hago bello.
    Un beso.

  4. ¡Marta! Que ya tenemos a uno… nos falta otro.
    De todas formas si no aparece… me da igual, con lo bien que lo voy a pasar contigo…de hombre.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s