O decidimos entre todos o alguien decidirá por nosotros


Los hijos que no tuvimos
Se esconden en las cloacas.
Comen las últimas flores,
Parece que adivinaran
Que el día que se avecina
Viene con hambre atrasada.
Presiento que tras la noche
Vendrá la noche más larga…

No sabíamos cuán larga iba a ser la noche. La condena de Garzón es un zarpazo más, ni el primero ni el último, a nuestra inocencia. Una demostración de fuerza. Un “aquí mando yo” de los ultraconservadores que acaparan –siguen acaparando- los resortes del poder en España.

Mientras la gran masa progresista de este país se enreda en interminables discusiones sobre quién tiene la tataraputa más lejana, un pequeño grupo de personas (¿cien, doscientas, quinientas?) se hace con el control sobre todos los centros de decisión. La gran banca; la patronal; la jerarquía eclesiástica; los máximos órganos del poder judicial; gran parte de los medios de comunicación. Y ahora también, esta vez gracias al voto ciudadano, controlan todas las instituciones democráticas: el Parlamento y el Gobierno de la nación y de las comunidades autónomas y, por supuesto, los ayuntamientos.

Nadie en este país dudaba que Garzón sería condenado. Y eso que no sabemos de leyes. Condenado por osado. Nuestra única esperanza es que surjan nuevos Garzones, no uno ni dos sino cientos que se atrevan a desafiar a esa élite que considera que España es de su propiedad.

Mientras tanto, los muertos seguirán durmiendo ruborizados y anónimos en nuestras cunetas, los corruptos continuarán disfrutando del dinero público como si fuera su patrimonio personal y algún que otro impresentable brindará con champán para celebrar de nuevola Victoria, con mayúscula.

El sacrificio de Garzón puede tener otra consecuencia todavía más alarmante. Si la masa progresista española se recrea en su desconfianza en la clase política –con la inestimable colaboración, bien es verdad, de un buen número de infames que se dicen políticos-; si no confía en los sindicatos; si desconfía de la prensa y los medios de comunicación, demasiado interesados y acomodaticios; si se aleja con toda razón de la tradicional guía que proporcionaba la iglesia y tampoco confía en la ética empresarial; y si ahora se le quiebra la última fe en la justicia; si ya no hay nada en qué confiar, ¿qué le queda? ¿Cuánto tardaremos en escuchar que quizá no sea tan mala idea ponernos en manos de un moderno caudillo graciosamente otorgado por Lehman Brothers?

Por eso la condena de Garzón debería servirnos a los progresistas de algo más que de causa de indignación. Debería ser nuestra última llamada a la responsabilidad. El espaldarazo definitivo que necesitamos para reconocer que sí, que es preciso regenerar la política, pero que, sobre todo y ante todo, la política es precisa. Porque o decidimos entre todos o alguien decidirá sobre nosotros.

(lo he publicado también en el blog de Reiniciandopsoe.es).

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2 comentarios en “O decidimos entre todos o alguien decidirá por nosotros

  1. Amor mio al alba:
    Desde mi condición de apátrida – para cataluña soy un xarnego y para españa un polaco – te felicito por el post, una buena entrada y un merecido homenaje al Juez Garzón.
    Que a este país se le ven las vergüenzas de todos es sabido y quien no quiera verlo es que carece de ella. Hablas de los progresistas y dices: “Mientras la gran masa progresista de este país se enreda en interminables discusiones sobre quién tiene la tataraputa más lejana” y mi me parece espectacular, una colleja de órdago en todo el cuenco de la nuca, pienso que la revolución no es un acto destinado al trabajador si no a individuos que hacen canciones a “princesas” -pongamos que hablo de joaquin- y luego cenan en casa con ellas y toda la familia. Por poner uno ejemplo.No es que nadie dude en este país que Garzón fuera a ser condenado, es que a muy pocos le interesa y a los que les interesa muchos están derrotados, Belén Esteban es el maná de muchos barrios por poner otro ejemplo. Me sorprende de tu entrada justamente “eso” que te sorprenda y no habrá espaldarazo definitivo habrá un empujón que nos llevará al abismo, este país tiene no más de 500 años de historia, es el país del Lazarillo de Tormes, del Buscón de la picaresca del robo y la burla del aplaudir al que roba millones y condenar a quien roba dos gallinas a gritos de que lo ahorquen de la santa inquisición, de torquemada. Nada o poco a cambiado mismo perro diferente collar. Dime una sola década en la historia de españa en donde no hubiera un desfalco, tan solo una… esta piel de toro tiene quinientos años y aún no ha aprendido nada del los 700 del hermano sarraceno.
    Pero yo no te abandono, al alba.

  2. Me sumo a tu indignación, a esa injunticia que cunde en el Tribunal Supremo contra, para mí el juez más valiente de nuestro pais. Todos tenemos derecho a la justicia, pero ahora, ¿quién nos ayudará a nosotros con nuestros muertos, con nuestros desaparecidos?

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