El último tabú


Llegaba yo a Amsterdam maravillada por el festival de drogas y sexo que se me prometía. Pero no. También ahí se me cayó el mito. Concretamente vi la luz en la oscuridad de una cabina de sexshop: dos euritos y se abría la cortinilla. ¿qué esperaba yo? no sé. Pero lo que había era una joven de cuerpo razonable que acercaba y alejaba su culo de ventanilla en ventanilla. Esto a lo mejor a los hombres les pone. Pero yo me sentí ridícula, allí de pie, envuelta en el abrigo y la bufanda, viendo evolucionar a una bailarina que tenía de erótica lo que mi vecina Pilarín.

¿Qué esperabas tú? Me pregunté a mí misma. Joder, pues un hombre. Al menos. Y de pronto me di cuenta de que el barrio rojo estaba lleno de prostitutas de todos los pelajes, clubs de striptease con señoritas emplumadas, bares para gays, … Pero ¿dónde estaba la oferta para mujeres? No había. O al menos, no de forma explícita.

Lo que me llevó a pensar en los tabúes que aprisionan a las mujeres. En concreto, en un tabú tan profundo que ni siquiera se menciona públicamente: la sexualidad de la mujer sola. Especialmente a partir de los cuarenta, cuando el cuerpo ya no se adapta a los actuales cánones de belleza adolescente.

Y es que entre los efectos secundarios de un divorcio o una viudedad está el que, de pronto, la vida sexual se convierte en una misión imposible. Te ves sola, con toda la carga de sufrimiento, responsabilidades familiares, problemas de organización, un físico que no es el que era y, encima, la castidad sobrevenida.

No es un problema aislado: ¿quién no ha visto (y se ha reído) de las hordas de maduritas vestidas de tigresa, melenas rubias y collares de oro que asaltan los bares de copas en fines de semana alternos? Algunas puede que busquen amor. La mayoría buscan sexo.  Vista así, la noche se convierte en un mundo no sé si patético pero desde luego agotador. Porque, qué queréis que os diga, a partir de cierta edad ya no se está para trotes y ligar metiendo la tripa para dentro y escondiendo las arrugas es muy cansao.

El tabú es tan profundo que ni siquiera nosotras nos atrevemos a reconocerlo en voz alta. Para las españolas de cuarenta, de cincuenta, de sesenta años, es más fácil decir y decirse que salen a conocer a gente o que buscan una relación que reconocer/se que lo que quieren es un polvo, a poder ser sin complicaciones.

Los hombres siempre han sido más prácticos y por eso lo tienen mejor montado, al menos tienen puticlubs.
No sé cómo no ha habido nadie todavía que se haya puesto a explotar este nicho de mercado, ni siquiera en Amsterdam. Se lo voy a plantear a la ministra de Sanidad, a ver si nos lo mete en la Seguridad Social.

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6 comentarios en “El último tabú

  1. Siempre he querido ser gigoló de esquina, esto, o tener una floristería donde poder regalar a las señoras de treintacuarentacincuenta ramos de flores y luego follar con ellas. Pero creo que me pondría más que me lancen la pasta a la cara y me llamaran puto. Amsterdam es maravilloso en todos los sentidos como las barrigas de las ninfas y los culos desquiciados. La noche no es un mundo patético, es un bulevar de nubes que huelen a esperma y tacones que chorrean, ponte tacones y toca el cielo, mi cielo.
    Un beso y llámame puto.

  2. Hola Marta, creo que no hemos hablado nunca pero nos hemos visto siempre ya que compartimos alguna que otra de nuestras amistades, Raquel V. por ejemplo, somo amigas desde hace mucho y para siempre, pero lo que ha echo que pinche tu blog ha sido que compartieras el viaje a Holanda con mi queridísimo hermano Raul al que estoy segura habrás cuidao como si fuera uno de los tuyos,gracias.
    Me alegra que este rodeao de gente con cosas interesantes que contar,últimamente encuentro poca,aunque igual es que ya me voy haciendo mayor y las chorradas que antes me hacian reir ahora me parecen absurdas,claro que igual antes me reia solamente por imitar a la manada.
    Acabo de cumplir los treinta y chica yo me veo cada dia más guapa, más echa,más segura , más mujer y no pienso caer en eso de esconder mis apetitos sexuales este sola o acompañada, lo que si creo es que cada año que pase será más dificil encontrar a alguien que pueda realmente cubrir mis necesidades personales en todos sus campos,pero sinceramente si tuviéramos un prostibulo a la vuelta de la Cosanse no creo que lo utilizase, le quitaria la magia que en mi caso es principio activo de cualquier contacto con el sexo opuesto, sea para un buen rato o para toda la vida.
    Esta es mi humilde opinión, un placer dirigirme a ti.
    Laura.

    • Estoy de acuerdo contigo: yo también me veo estupenda, mucho mejor que a los veinte. Y yo tampoco tengo mayor interés en ir a un prostíbulo, y menos después de la experiencia de la cabina 😉 Me pongo la minifalda y los tacones porque me encantan y todo eso. Pero a lo que iba es al tabú, y fíjate si existe tabú que esta entrada ha recibido muchísimas visitas pero sólo os habéis atrevido a escribir tú (una veinteañera…) y Bigmouth, que se atreve con cualquier cosa. No te pierdas su blog: intemperancia verbal.
      A tu hermano lo cuidamos como se merece: fenomenal. A ver si de aquí a poco aprende inglés y ya, le dejamos volar solo a los países extranjeros.

  3. Jejeje, es un placer haber encontrado este blog y comentar en esta entrada. Yo conozco este mundo por dentro, por ser cliente, y soy muy consciente de la imagen que se tiene de la prostitución cuando no se conoce, cuando sólo se ha visto muy de pasada desde fuera. No necesariamente se pierde esa magia de conocer a la otra persona, las cosas pueden ir mucho más allá del breve e inmediato encuentro carnal si ambos congeniáis. Os invito a visitar tanto mi blog como el de varias profesionales del sexo que tengo enlazadas para que comprobéis que no es así, que existen muchos estereotipos y mitos sobre el trabajo sexual totalmente alejados de la realidad.

    Por otra parte estoy muy de acuerdo en que hace falta satisfacer la ascendente demanda de sexo de pago de las mujeres, que se van incorporando con fuerza al sector. En una sociedad que va dejando atrás sus prejuicios y tabúes y en la que la capacidad adquisitiva de las mujeres, al haberse incorporado al mundo laboral, cada vez es mayor es natural que las mujeres se equiparen a los hombres en cualquier campo. Bienvenidas.

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