Eso me pasa por lista


Desde hace tres años no celebro la Nochevieja comiendo uvas. Es la única concesión que he hecho a la pena, si queréis llamarlo así. Decidí en su momento que no tenía ánimo para ese ritual pensado para dejar atrás lo malo y dar la bienvenida a nuevas esperanzas rodeado de las personas queridas. Y descubrí que desde que no como las uvas me va mucho mejor, así que he convertido el anti-ritual en un ritual en sí mismo. Renuncié a la superstición para caer de lleno en otra igual: no mirar al reloj ni prestar atención para, minutos después, darme cuenta de que ya estamos en el nuevo año.

Esta posición de observadora privilegiada que me da mi anti-ritual, pensaréis, es un poquito esnob. Pues sí. El globo entero se lanza a la celebración del fin y del principio como si fuera real, como si verdaderamente pudiéramos marcar un hito diferenciador. Queremos creer que comiendo doce uvas podemos hacer un borrón y cuenta nueva que nos ayude a volver a empezar, como criaturas renacidas en las aguas del Jordán. Y año tras año dejamos para el 1 de enero aprender inglés comenzar la dieta hacer ejercicio leer más libros dedicar más tiempo a los niños cambiar de hábitos blablablabla. Eso es porque no miramos suficientemente a la naturaleza, que renace continuamente de igual forma que continuamente muere, porque es un ciclo constante e inmutable. Nos olvidamos siempre que somos animales, tan predecibles como los leones del Serengueti que nos enseñan en los documentales de la 2.

Dicho esto, debo confesar algo que por otra parte ya sabéis: soy una esclava de la moda, me encantan las comedias y me muero por la fiesta. Así que a pesar de toda mi filosofía barata de libro de autoayuda comprado en los aeropuertos no puedo escapar de la mayor de las tiranías: el “quemepongoparanochevieja”. En un alarde de originalidad que desafiaba las leyes de la física me preparé un vestidito negro y unos leggins plateados (eran los últimos que quedaban en el Corte Inglés, así que imaginé que al menos quinientas jóvenes de todas las edades los llevarían también esa noche). Me peiné, me maquillé abundatemente -este año evité los plateados en los ojos, están completamente fuera de onda según me informé en el Cosmo- y me planté unos taconazos. Y de esta guisa tan original, escoltada por mis inseparables amigas, me dispuse a quemar la noche madrileña.

El shock fue inconmesurable. En un momento dado de la noche me miré en un espejo de un bar. Estaba rodeada de jovencitas de todas las edades vestidas de negro con recogidos más o menos horrorosos, escotes que iban del vertiginoso al pavoroso y minifaldas que llegaban a dar grima. La situación en el baño de caballeros era todavía más patética: este año se llevaban las camisas rosas. Y ahí fue donde toqué fondo. Me recordé a mí misma en la misma situación justo un año antes. Y dos años antes. Me remonté a la noche de los tiempos. Tan predecible como los leones del Serengueti. Comencé con las típicas dudas existenciales que te planteas a las tantas de la mañana. Y me dije para mis adentros “Tira pa casa, tira pa casa alante mío”.

Si es que hay noches en que es mejor no salir…

(Dicho esto, mis queridos inexistentes lectores, debo confesar que, como ya tengo asumido que la nochevieja suele ser complicada, hace tiempo que prefiero el 30 al 31 y el dia a la noche. Y así puedo decir sin ningún género de dudas que hemos pasado un fin de año estupendo por la capital del reino).

 

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9 comentarios en “Eso me pasa por lista

  1. Qué razón tinens querida amiga. Como siempre, genial…. me has despertado la sonrisa. Hace poco me sentí, en una nocho en la que salí, como tú….rodeada de jovencitas con escotes de vertigo, pintadas hasta la saciedad…. a las que se acercaban jopvencitos a los que yo había dado clase….¡madre, que susto! No estoy preparadar para eso…. así que a las 5 de la mañana me fui solica a casa.Miento, con la compañía de un jovenzuelo borracho (dicho por él) que como era hermano mayor, se empeñó en acompañarme para protegerme…. ¿de qué? pensé yo, si lo más pesao que ahy eres tu. Suerte que me dejé el coche cerca, sino, hasta casa que me habría acompañado.

  2. Mira Marta, este año nos hemos ido unos matrimonios y yó, que somos como de familia, bueno… que somos hermanas, a una casa rural de un pueblecito de Soria, lo de menos era nochevieja, lo hemos dedicado hacer andadadas y rutas turísticas y por supuesto, a disfrutar de la comida, lo hemos pasado genial!!!ya hemos pasado del… que me pongo… nos hemos puesto la ropa de andar, y anda…que no hemos disfrutado… para la Májica Noche nos “arreglamos” un poquito, y a las tres a dormir, mas frescas…para la mañana siguiente… volver a caminar. Al año que viene repetimos….

  3. Eres genial, me he divertido un rato.
    Hace tiempo que quiero cambiar la forma de presentarme en el año que comienza…suelo hacerlo en una cena de amigos en la que nos divertimos preparando regalos que son entregados por medio de algún “jueguecito” algo provocador, pero estamos empezando a convertirlo en algo habitual,, como ya he dicho nos divertimos, solo que días antes no me atrae que llegue esa noche y año tras año vuelven las mismas ganas de hacer algo diferente, de desaparecer del mapa, de pensar: al año que viene haré algo distinto.
    Me encantan tus relatos sobre todo por la gracia con la que describes las cosas que te suceden, las frases que usamos a menudo, y que al verlas aquí escritas hacen sonreír.

  4. Muy buena entrada, haces unas reflexiones interesantes. Es cierto que todo es cíclico, el eterno retorno, las medidas de las cosas dicen tienen un principio y un final, al menos eso dicen. Yo prefiero pensar que todo es un eterno principiofinal y que cada instante que vivimos dispone de unas dosis de principio de final, desarrollo, nudo y desenlace o decadencia. Este instante mismo por ejemplo. Menudo rollo te he soltado. Por lo demás, jamas he comido uvas por fin de año, ni cuando era pequeño, y hace años que tampoco escucho las campanadas. Un abrazo.

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