Chronicae londinensis II


Según mi experiencia, Donosti-San Sebastián y London-Londres comparten cuatro rasgos característicos: la lluvia, las pastelerías excelsas, los bares y el jazz. Ésta, claro, es mi experiencia. Pero viajar consiste en eso, en adquirir una pura visión subjetiva distinta de la visión subjetiva que ofrecen las oficinas de turismo y las webs de viajes.

A mi es que las reflexiones me vienen en el momento más insospechado. El sábado estaba en un váter de un bar de Donosti-San Sebastián y me puse a hacer lo que todos hacemos en una situación semejante, que no es otra cosa que leer los mensajitos escritos en las puertas. Vanesa X Jonatan 4 ever. Cosas así. Y de pronto una visión me paralizó: en las puertas de los váteres (toilets) de los bares de Inglaterra no hay mensajitos. Están limpias. Son un pueblo muy civilizado en ese sentido. Lo que no impide que se vuelvan locos con el alcohol hasta el punto que la ley regula el número máximo de copas que un bar puede servir por cliente. Razón por la cual Salou se llena de frenéticos ingleses/as borrachos que gritan y mean como si fuera la última noche de su vida.

La verdad es que son un pueblo interesante, los ingleses. Tan conservadores como para seguir viviendo y manteniendo en perfecto estado de uso las casas que se edificaron en 1910, enviando a sus niños uniformados al colegio, respetando las invisibles y estrictas separaciones entre clases sociales o manteniendo una educación exquisita por la que se alternan los excuse me, los please y los sorry como si fueran el pío pío de los gorriones. Tan rompedores como para convivir cómodamente en un hervidero de razas, religiones, tribus urbanas y modas imposibles.

Son curiosos, los ingleses. Tienen sus calles llenas de Charities, tiendas de ONG’s atendidas por voluntarios que ponen a la venta todo tipo de objetos de segunda mano para financiar sus actividades. Es una forma muy refinada de reciclar la ropa, los muebles o los libros en un país donde todo se reutiliza. Es una forma muy refinada de crear una red social identificable en un país donde la familia es un reducto tan mínimo y desapegado que no sirve de apoyo al individuo.

Son raros, también. Comen guisantes hervidos, col hervida, zanahorias hervidas. Patatas hervidas. Pero en sus tiendas hay estanterías completas con todo tipo de salsas, platos precocinados, snacks, bebidas carbonatadas. ¿No se les ha ocurrido que gastronómicamente eso es una contradictio in terminis? Y los Fish and Chips, puro mito. Qué queréis que os diga: ni punto de comparación con la merluza rebozada que me prepara mi madre. Pero sin embargo cené en un pub de campo allá por la campiña de Kent y no hubo ni un solo plato que no me pareciera exquisito.

Son tocapelotas, los ingleses. Son un poco como de Bilbao: van por donde les da la gana (por la izquierda), pesan y pagan en libras, recorren millas, miden pies y pulgadas, utilizan galones de gasolina, y su reina es, además, papisa. Pero están organizados. Hay que reconocérselo.

Son muy suyos, los ingleses. Pero tienen energía. Si cierro los ojos y pienso en ellos, por encima del Big Ben, la abadía de Westminster, la torre de Londres y el palacio de Backingham, lo que me viene a la mente es el nervio constante de la ciudad.  Y una chavalica de pelo rosa, y un indio con turbante, y un estante lleno de muffins, y los parques inmensos, y lo lejos que queda todo, y los carteles de los musicales en el metro, y el sonido de los suelos de madera en el silencio de la noche. ¡El silencio de la noche! En la ciudad más poblada de Europa occidental, de noche no se oía nada salvo el silencio.

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3 comentarios en “Chronicae londinensis II

  1. Hay dos tipos de exquisitez gastronómica:
    1. La que te prepara tu madre.
    2. La que te sirven los ingleses
    Pero dos tipos. Todo lo más, tres
    ¿Continuarás?
    Besicos

  2. Yo no he estado en Londres . PERO LELLENDO TUS CRONICAS, como si estubiera contigo gracias Marta .Besos, y seguiremos viajando

  3. Me quedo con las pastelerías y el jazz….con el silencio de la noche, impensable en un lugar tan inmenso en el que por el día se convierte en una voráginede gentes ,ruidos, donde conviven multitud de razas dandolé color y aspecptos difientes a sus calles, con esa curiosidad que apuntas de tiendas de voluntarios donde todo tiene una segunda utilidad…
    Estaba transportada virtualmente en esa cuidad….cuando me encuentro con un grupo de ingleses bien bebidos meando en el portal de mi vecino, (si me ha surgido en algún momento puntual una urgencia de ese tipo procuro buscar un lugar discreto,no me suele suceder, pero nunca se sabe), y recordando lo limpios que tienen sus lavabosss públicosss, sus calles, sus avenidas,,,,
    Bueno …seguiremos el viaje.

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