Calma. Paciencia. Revolución


Desde la noche del diluvio andaba yo como perdida. No encontraba mi música. Ya os he explicado, mis queridos inexistentes lectores, que al contrario que a los Hombres G, que odiaban “a las niñas a las que todas las canciones les recuerdan algo”, a mí me sucede que cada cosa me recuerda una canción. Cuando no hay canción en mi cabeza no encuentro mi norte.

Así que por ahí andaba yo, como alma en pena, desnortada, recogiendo calcetines por mi casa cuando de pronto sentí la llamada. Busqué mi vieja partitura, muchas veces remendada, y me senté al piano: el primer movimiento de la Patética de Beethoven.

La Patética es como el mar. A ratos melancólica, a ratos furibunda. Hay pasajes en los que sientes cómo la luz del sol se refleja sobre las cabrillas del agua para, en pocos segundos, transformarse en una tempestad en la que el oleaje se comporta como una masa de acero que avanza sin que nada en el mundo le pueda poner freno. Justo así es como me siento yo. Furibunda, melancólica, poderosa.

Para tocar la Patética hace falta, además de mucha técnica, un enorme autocontrol. Cada dedo debe llevar su fuerza justa en el momento preciso. En algunos momentos la melodía la llevan los meñiques, quedando los demás dedos al cargo del avance imparable del oleaje de acero. Si dejas caer el peso del antebrazo en los acordes no tienes tiempo de recomponerte para que los dedos jueguen en los trinos. Si tu cuerpo se desequilibra todo su peso cae sobre la mano izquierda cuando cruza sobre la derecha o cuando la derecha vuelve a su sitio, y la melodía se descompensa completamente. Si te excedes en los fortes se pierden las primeras notas de los pianos y entonces nada tiene sentido.

En definitiva, hace falta inteligencia, calma y paciencia para que triunfe la revolución. Así, así mismo es como me siento yo. Por eso, desde que el primer movimiento de la Patética volvió a mi cabeza, camino ligera y con la cabeza erguida.

La Revolución tan necesaria sólo puede construirse desde la calma y el autocontrol, porque cuando la ira, la tristeza o la rabia nos nublan la mente los dedos ya no responden. La Pasión es una energía desperdiciada si no va acompañada de la Razón.

Os dejo a Daniel Baremboin a la faena, escuchadlo si tenéis un poco de tiempo y entenderéis lo que os digo (a mí me sale infinítamente peor porque soy una brozas al piano, pero tocar esto aunque sea mal me sirve perfectamente para recanalizar mis sentimientos y recomponerme).

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Un comentario en “Calma. Paciencia. Revolución

  1. Con esta melodía pasas de mecerte en una tumbona, (de estas que se ponen de arbol a arbol), de mecerte con los ojos cerrados, sintiendo un suave y fresco airecillo recorrer tu cuerpo…a corretear cantarina, dando vueltas y más vueltas por una pradera …para acabar extasiada y exausta oyendo tu agitada respiración.
    Muy expresiva para la cantidad de sentimientos que te ocupan esa cabecica.Un besote.

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