There’s no mountain high enough


En esta nueva reencarnación que me ha caído en suerte estoy volcada en la búsqueda de experiencias fascinantes, habiéndome hecho consciente de que nuestro tiempo es de duración breve y fin azaroso. En la búsqueda de la intensidad vital me ayudan mis amigas, cada una en su especialidad: masajes, comedias, tés… Este fin de semana tocó La Montaña. Así es como Barriguitas Montañera subió Montserrat.

Pues sí, mis queridos inexistentes lectores, no sólo subí Montserrat sino que incluso lo bajé. Y eso que cuando la infatigable Rosa me explicó que la excursión era un paseíto de seis o siete horas me quedé blanca. “No te preocupes, que si te cansas yo me paro contigo”. Yo ya me visualizaba abandonada en algún lugar de la montaña sagrada de los catalanes, sin agua, sin fuerzas, rodeada de lobos y buitres, exhalando el último aliento con mis botas Quechua destrozadas por la caminata. Por eso, antes de ir a Montserrat me depilé las piernas: si me tiene que rescatar el 112, que me encuentre sin pelos y con las bragas limpias.

Lo cierto es que intenté oponer cierta resistencia, pero el destino había querido que yo subiera la puñetera montaña, razón por la cual el tren-cremallera que me habría evitado la subida más larga estaba cerrado por reparaciones. Así que nada, tira para arriba por la cuesta más larga de mi vida. A cada paso que daba sentía que el corazón se me salía del pecho. Pero cuando estaba a punto de dar media vuelta y mandarlo todo a paseo, vi que delante de mí subía tranquilamente un señor que ya no cumpliría los setenta, con sus dos bastoncicos y el pantalón hasta los sobacos. Y que bajaba la cuesta paseando un chino en chancletas con un libro en una mano y una bolsa del Corte Inglés en la otra. Entonces me miré a mí misma y me dije: “tira delante mío, tira delante mío. Que me tienes contenta”. Y si tu yo interior te trata así no tienes alternativa: caminas o revientas. Yo, caminé.

Caminé para arriba, caminé para abajo. Me agarré a pedruscos, me arrastre entre ramajes como los vietcongs, subí tramos interminables de escaleras, los bajé. Paseé entre tomillos y romeros, entre rocas, entre bosques de carrascas y durillos. Y, al final, llegué con cierta dignidad al final del recorrido: el Santuario de Montserrat. Aún tuve fuercecicas para visitar a la Mureneta (desde abajo, porque yo más escaleras no subía) y escuchar el canto gregoriano de los monjes.  

No me gusta el montaje nacionalista-religioso-comercial del santuario, me da repelús. No me gusta la mezcla de Reyes Catalanes (dónde se vio semejante cosa), devoción mariana y cocas en estuches de diseño. Pero el entorno natural mereció la pena. Y sobre todo, mereció la pena el esfuerzo para demostrame a mí misma que No hay montaña tan alta que no la pueda subir una Barriguitas Montañera.

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3 comentarios en “There’s no mountain high enough

  1. Tu aventura con la subida a la casa de doña Montse es francamente apetecible. Uno se ríe mientras lee y si ríe con gusto. No me extraña lo que cuentas del contenido de leyenda sobre los reyes catalanes que no se ajustan a la verdad sino que vienen bien para mantener el tipo. Es más, como aragonesa te debe hacer especialmente gracia. Pero es igual. Mitos hay en todos sitios y las lecturas de esos mitos son lo mismo de peregrinas. Me quedo con tu crónica chispeante y con mi agradecimiento al comentario que me has hecho y que te devuelvo con mucho gusto. Espero y deseo que se repita. Un sorbito de agua fresca para aliviar el agotamiento y un beso

  2. Espero que no tengas muchas agujetas,estoy convencida que la experiencia ha sido, (aparte de dolorosa) gratificante por lo bello del paisaje(otro día te lo ves en coche) y sobre todo por el esfuerzo de conseguir algo que pensabas, no podrías.
    Tienes razón cuando hablas del mercado que hay montado,hay mucha gente que comercia con las creencias de la gente.

    Me lo he pasado muy divertido leyendo, le das un toque SUPER a la vida real,este sábado hago yo la del valdejalón (yo,y 300 personas más) seguro que no es tan divertido leer la tuya como caminar yo.

  3. Aquí La Rosa, que fue testigo de la valentía interior de mi amiga Marta. Una experiencia gloriosa de 6 horas de camino. Los latidos de su corazón que tan bien sintió y el miedo primerizo a una nueva aventura perecieron agotados por su fuerza original (la de las entrañas), que supera con creces los condicionamientos y las presiones de la mente. There’s no mountain high enough.

    Felicidades por tu blog, me parece magnífico que utilices este recurso para liberar pensamientos. Mientras vos escribís, yo respiro (ya me entendés).

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