No sabemos empatizar con los marcianos


El 75% de las catástrofes naturales que asolan anualmente nuestro pequeño planeta suceden en Asia. La de hoy borra a la de ayer, que borró a la de antesdeayer. Por eso casi no nos acordamos de los veinte millones de damnificados por las inundaciones de Pakistán hace apenas dos años, un microsuspiro en términos cósmicos. Poco antes -o poco después, me avergüenza decir que ya no lo recuerdo- de que un terremoto convirtiera Haití en un castillo caído de naipes.

Las catástrofes naturales son tan habituales en este pequeño mundo nuestro que existen incluso modelos económicos predictivos para calcular el coste de la reconstrucción. Los usan, fundamentalmente, las aseguradoras y reaseguradoras. Habrá, imagino, hasta expertos cualificados en desastres y en reconstrucciones. 

Lo único impredecible de una catástrofe natural es el momento y el lugar en que se producirá (aunque, casi seguro, será en Asia). El resto, podemos certificarlo de antemano: la desesperación de los afectados, el pasmo de los espectadores, los donativos a programas de televisión que subastan camisetas de famosos para recaudar fondos, los macroconciertos solidarios, los tertulianos expertos, los titulares durante tres días, el olvido mundial al cuarto.

Lo que diferencia a Japón de otras desgracias que lo han antecedido y de otras que lo sucederán es, simplemente, que ahora sentimos que podía habernos sucedido a nosotros.  Un país tan avanzado, una gente tan educada, una sociedad tan moderna y civilizada y organizada. Y llegó el sunami y también la arrasó.

Parece que estas cosas sólo les pueden suceder a los pobres. A los países pobres y a las personas pobres. Es imposible sentir el dolor ajeno. No sabemos empatizar con lo que sentimos como ajeno. Y un senegalés, un pakistaní, un haitiano, un indio, nos son tan familiares como un marciano. Tan pobres, tan negros, tan coloridos, tan extraños. Pero Japón podríamos ser nosotros, si no fuera porque tienen los ojos rasgados y porque su cuerpo es pura contención gestual.

Me temo que esta vez estamos sufriendo porque sentimos que estamos viendo pelar las barbas del vecino, y tendremos que poner las nuestras a remojar. Me avergüenzo de ello, pero creo sinceramente que es así.

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2 comentarios en “No sabemos empatizar con los marcianos

  1. Por desgracia es así, olvidamos enseguida con una nueva desgracia la anterior. Aunque esta vez nos parezca más cercana,pronto ocuparemos nuestra mente en otra cosa…….

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