¿Y tú qué hacías mientras Egipto se liberaba de Mubarak?


Que levante la mano quien no tenga una historia propia bajo el título genérico “el día del golpe de Estado de Tejero yo….”. Yo, en concreto, el 23 F fui feliz porque, en aquellos tiempos de televisión de dos canales y carta de ajuste, pude ver dibujos animados toda la tarde y hasta bien entrada la noche. Una fiesta. Mi madre no contaba lo mismo, claro.

Algo así contarán dentro de unos años los millones de egipcios  que en este mes de febrero de 2011 han protagonizado un huracán de final feliz (que, espero, sea a su vez el comienzo de una democracia razonablemente dichosa -“a la española”- y no un caos maligno “a la iraquí”).

Mientras miles de jóvenes plantaban cara al dictador en El Cairo, ¿qué hacíais vosotros, mis queridos inexistentes lectores? A mí me encantaría poder decirles a mis hijos que yo pasé las horas siguiendo estrechamente la evolución de los acontecimientos a pesar de la distancia que necesariamente me separa de Egipto. Pero seré honesta. Mientras el régimen de Mubarak boqueaba sus últimos estertores yo me enfrentaba a un desafío mucho más íntimo: un tratamiento de belleza.

Esto no es una cuestión baladí en una mujer que mandó quitar la bañera de su casa porque no soportaba los baños relajantes. Al albañil le conté otras milongas, pero en realidad la bañera era una fuente de frustración. Tú ves en las pelis esas señoras que pasan horas en una bañera llenísima de espuma y rodeadas de velas, con música relajante y una copita de champán. Y entonces te preparas un baño. Aprovechas la media hora que tarda en llenarse la bañera en ordenar los cajones y recoger la ropa. Buscas el CD. No encuentras el CD. Me cagüentó quién ha cogido el CD. Encuentras el CD. Te desnudas y te metes en el agua. Las sales de baño se te clavan en el culo. La espuma es tan raquítica que no alcanza a cubrir tus tetas, frías, enormes, despanzurradas, dos morsas naúfragas en este inhóspito océano perfumado. Por no verlas miras al techo. Necesita una mano de pintura.  Te miras las piernas y te das cuenta de que pareces un caballero. Joder. Ya no sabes a dónde mirar. El grifo de la bañera se te clava en el cogote.  Pues sí pues sí. Cierras los ojos y tratas de escuchar la música. Mamaaaaaaa, no encuentro el libro de Mateeeeeessssss. Lo tienes encima de la mesa. Mamaaaaaaa.. Me levanto y me miro en el espejo con estupor: mi maquillaje  no es waterproof, por lo que se ve. VALE. Mejor llamo al albañil y que me ponga una ducha. Definitivamente las bañeras están sobrevaloradas.

Siendo estos mis antecedentes comprenderéis que la oferta de un tratamiento de belleza me hace desconfiar. Pero mi amiga M (una de las Cuatro Magníficas, a la que llamaré M M, por lo de Magnífica) es una masajista maravillosa. Así que me sometí dócil a sus designios. M M me  llevó a una cabina preciosa y de luz tenue, puso música relajante, me tendió en una camilla, me mandó callar y comenzó a masajear mi cara y mi cuello con lociones, sueros, mascarillas y cremas olorosas. Al principio esta salvaje que hay en mí se resistía como una jabata, pero poco pudo ante la sensación de placentero abandono que ordenaban las manos de M M.

Así que a mis nietos les contaré que mientras Mubarak salía por patas del país y los banqueros suizos bloqueaban sus cuentas, yo me reconcilié definitivamente con los tratamientos de belleza. Que no es poca cosa, la verdad.

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3 comentarios en “¿Y tú qué hacías mientras Egipto se liberaba de Mubarak?

  1. Lo de Mubarak, ¡la de dios es cristo, por alá!
    Pero la miniserie de la ex-bañera me retrotrae a la noche del tejerazo.
    Yo estaba gorda que gorda con tu hermano dando la lata en mi barriga.
    Ni bañeras ni baños turcos me pedía el cuerpo aquella noche.
    Y tu padre, en al Aytº!!!para variar…
    La mami

  2. ¿Fue miércoles? Ya ni me acuerdo… En tal caso trabajé, y luego fui al coro; si tuvo lugar en otro día de la semana, trabajé nomás, como dicen los argentinos, excepto los viernes, que o fui al coro o me fui al pueblo de mis padres para pasar el fin de semana… Nada espectacular. Cuando lo de Tejero tenía un añito, mocosa inconsciente que empezaba a dar sus primeros, inseguros pasos or un mundo demasiado complicado y ruidoso.
    La bañera la uso para ducharme, sólo la experimenté como tal cuando era niña; eso sí, para los críos pequeños son muy útiles. Si no, no tienen sentido. A mí no me va eso de las relajaciones y la música; las duchas son algo funcional…

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