Pescadores de votos


Según se van aproximando las citas electorales, todos los que estamos más o menos cercanos a la política comenzamos a ponernos nerviosos. Es algo parecido a lo que sienten los pescadores cuando les abren la veda. Preparamos los anzuelos, remendamos las redes, presumimos de trucha y rememoramos Campanos. Esto no sólo es legítimo: es la gracia de la cosa. Si no, no tendríamos a miles de ciudadanos participando activamente en política local, la más sacrificada y menos reconocida de todas y, sin embargo, la que más satisfacciones puede ofrecer desde el punto de vista personal.

Pero claro, en política, como en botica, hay de todo. También pescadores de malas artes. Marrulleros que revuelven ríos, hooligans indecentes, oteadores de caladeros de votos a la búsqueda de pezqueñines. Y esto ocurre en los altos palacios de la política nacional, donde los detectives atosigan a Cospe, cual inspector Clouseau tras las huellas de la Pantera Rosa, como lo demuestra el inefable argumento de que el criminal siempre regresa al escenario del crimen. “Oigan, a mí me están espiando. Y en ocasiones, veo muertos”.  Claro. Como el agua.

Pero también ocurre en las bajas cabañas de la política local. Sí, sí, aquí mismo.  No sé si recordáis la poesía de Brecht (creo que se le atribuye a él) “primero fueron a por los judíos, pero como yo no lo era…” Bueno, pues la derecha de mi pueblo fue primero a por las monjas, luego a por los abuelos, y ahora a por los extranjeros. Como en los mejores tiempos del caciquismo, bucean en los caladeros aparentemente más manejables para captar voto no con argumentos sino con artimañas. Haciendo que el miedo nuble la vista y el entendimiento.

Aquí ya es una situación entrañable ver a la alegre muchachada del PP colgada del móvil a última hora de la tarde electoral, llamando a rebato a los rezagados. Y ahí llegan, corriendo, a que les den el voto. No voy a dar nombres porque aquí nos conocemos todos. Pero que se me congelen los dedos sobre el teclado si exagero un pelo. Es una forma de pescar seguramente legal, pero muy poco ética; recuerda terriblemente a los terratenientes repartiendo jornales en la plaza del pueblo.

Ahora sólo falta que por ponerme en evidencia este año no lo hagan. Mira, pues eso que habremos ganado.

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Un comentario en “Pescadores de votos

  1. No te olvides de que ‘mientras queden una monja, un par de abuelos, medio gitanillo y un rumano de p’acá,’ (solo sobra un moro)será posible echar las cuentas y hacer rosarios si hace falta. Que son muy astutos.
    Fin de comentario.
    lamamy

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