Minitratado de psicología barata


Es curioso comprobar cómo en situaciones totalmente diferentes las personas seguimos tácticas similares para jodernos la vida o alargar innecesariamente el sufrimiento. Da igual que seas presidente del gobierno en un país azotado por la crisis económica, mujer abandonada por un marido cabrón o, simplemente, persona.

Pensadlo bien. En una situación de crisis X (en la X ponéis crisis económica, crisis matrimonial, crisis vital…) la primera reacción razonable para alargar el sufrimiento es refugiarse en la afirmación “no está pasando nada” o sus equivalentes “a mí no me está pasando nada”, “aquí no está pasando nada”, etc. A eso se le llama La Negación, y es estupenda para joderte la vida porque al negar la existencia del problema, no puedes comenzar a solucionarlo.

Normalmente hay que ser muy duro para soportar la fase Negación indefinidamente, y tarde o temprano tienes que evolucionar porque ni siquiera tu mente anegada de dolor es capaz de rechazar lo evidente: que tu marido te la pega con otra, que tu país está sumido en la crisis, que alguien a quien quieres ha muerto, cosas así. Entonces pasas a otra fase, que puede ser perfectamente “esto que ha pasado a mí no me afecta”. Pero sí te afecta, claro. Y cuando te resistes a reconocer que te afecta, y a expresarlo en palabras (que son el vehículo que utiliza nuestra mente para trasponer nuestros pensamientos y nuestros sentimientos), el dolor se nos enquista, el paro se dispara y el déficit público alcanza niveles inaceptables.

Llega el momento de cambiar de fase, los humanos somos transformación. Pasemos a la etapa “esto no puede durar mucho”. Así llevamos dos años, y algo más queda según el Banco Mundial. Esperar que tu marido cabrón cambie de la noche a la mañana o que el divorcio se resuelva en un plis plas es una utopía, y su incumplimiento generará una estupenda frustración.

Hay otras alternativas para aumentar el sufrimiento. Por ejemplo, poner todas tus expectativas en que el causante de tu dolor se portará, sin embargo, bien contigo. Esto no vale para los seres queridos fallecidos, pero sí para exparejas y directivos de banca. Quien piense que un banco tratará de minimizar tu sufrimiento porque te aprecia es que está loco de remate. Aunque te lo dijera así únicamente está pensando en cómo cobrarte una nueva comisión. O en cómo reducir tu pensión alimenticia.

En resumen, mis queridos inexistentes lectores. Si vuestro deseo es aumentar el dolor experimentado podéis ensayar éstas y otras tácticas similares. Cuando os canséis de sufrir, paraos, llorad y desahogaos. Y después, os lavais la carica, ponéis primero un pie en el suelo y luego el otro. Y a partir de ahí, a caminar hacia adelante porque hacia atrás, ni para coger impulso.

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