El factor moto y Penélope Glamour


Uhhhhhhhhhhh!!!!!!!!! ¡¡¡chicaaaaaasssss!!!!! ¡¡¡necesitais incluir en vuestra vida el Factor Moto!!!
Todavía no lo sabéis pero sí, toda mujer debe disfrutar al menos una vez en su existencia de un paseo en moto. Pero no una motillo cualquiera, no. Una Moto.
Necesitáis sentir que os deslizáis por la carretera a toda velocidad (por supuesto, sin superar los límites máximos establecidos por la ley). Necesitáis oler la hierba cortada y la gasolina, sentir el viento, el calor, ver el paisaje en tres dimensiones. Necesitáis cimbrear vuestra cadera para coger la curva, ver cómo se acerca el suelo y cómo se vuelve a alejar movido por la inercia o por las fuerzas centrífugas y centrípetas, que son unos conceptos que me suenan vagamente. Chicas, chicas, chicas: necesitáis un amigo (si no es un novio/marido/amante) motero.
Como diría Battiato, "es una experiencia sensualísima". En el coche te desplazas de un lugar a otro. En una moto (GT ó LT, a poder ser) viajas, disfrutas del trayecto con todos los sentidos. Hasta con el gusto, si haces una parada para comer en unas bodegas de primera categoría.
Lo único que debéis desterrar es la imagen de la rubia de Jacqs. No son así: las moteras que conocí son señoras que tienen la capacidad de viajar varios días con una maleta muuuuyyy pequeña y en la que sin embargo les cabe lo fundamental: el secador, los tacones, el maquillaje y la blusita. Los moteros tampoco son lo que parecen: cuando les quitas el mono y el casco se convierten en maduros caballeros de vientres bastante prominentes. Hasta los que llevan Harleys son así, solo que con chaleco de flecos y chapitas.
Estoy feliz de haber reincorporado a mi vida el Factor Moto. Lo echaba mucho de menos, más de lo que yo misma pensaba. Al principio, subida en esa moto inmensa, me entró una tristeza enorme. Tenía nostalgia de mi motero, el verdadero. El gigante de cazadora de cuero que me llevaba en una Virago. El que me dejaba meter las manos en los bolsillos de su cazadora para ir bien agarrados hasta la azucarera de Épila a echar un cigarro. El que me llevó a Sos en una moto china que no subía las cuestas. El que me regaló el mismo casco que ahora llevaba subida en la moto de otro. Cuando él me llevaba, yo
miraba el paisaje y me repetía en silencio la canción de Muzzy: A, E,
I, O. U. I love you. Ahora ya no la quería cantar. Pero entonces pensé en lo orgulloso que él estaría de mí si me viera de nuevo en una moto, cortando el viento con mi casco azul de Penélope Glamour. Así que hice de tripas corazón, miré los bosques de hayas del valle del Baztán y comencé a disfrutar. Y siendo honestos, esta moto era mucho mejor que la Viraguico. Me tumbaba en las curvas como una campeona. Y Lamari también, ni siquiera tuvo miedo.
En resumen, que hemos disfrutado como nunca imaginamos que pudiéramos disfrutar, montadas en unas máquinas conducidas por dos caballeros andantes -bueno, motantes- que nos han tratado como a reinas. Ni siquiera les importaba que pareciéramos Dark Vader. Fíjate que ya tenemos nuevo apodo: ella es Matahari, y yo Betty Boop. Pero a mí mejor me llamáis Penélope: Penélope Glamour.
 
Esa cabecica que se asoma detrás del piloto en primer plano soy yo, con mi casco de Penélope Glamour.

y ése es el paisaje que veíamos. Chulo, eh?

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