La bicicleta de Pablo


Hoy Pablete cumple siete años.
Hace treinta años, cuando yo tenía siete, me fui con mi papá a comprarme una bici: una Torrot azul, dura como las piedras pero más bonita que cualquier otra cosa del mundo. Mi entrada en el mundo adulto.
Así que ayer me fui con mi chiquillo de la mano a comprar una bici a la tienda de Luis Pascual, acompañados de su inseparable amigo Jorge. Zipi y Zape. Treinta años después, la emoción era la misma, el mismo brillo en los ojos, la misma reverencia al entrar en el templo de la mecánica.
¿Cual te gusta? La roja. Espera, que te coloco el botellín de agua.
Pablo acaricia el botellín de plástico, contempla admirado el reflectante trasero, gira levemente la rueda. Mira al mecánico como si fuera Melchor. Y contra la luz de la tarde, Zipi y Zape salen de la tienda empujando la nueva bicicleta, y la prueban en la calle. Va de lujo, mama. Jotis, Pablo, ésta sí que es chula.
Zipi y Zape van y vienen por la calle saboreando la independencia recién conquistada. Trastabilleando con la bici, vuelven a acercarse al sereno y sonriente mecánico de bicicletas y los veo a los tres hablar, mantienen una conversación profunda sobre las maravillas de la velocidad.
Feliz cumpleaños, hijo.
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3 comentarios en “La bicicleta de Pablo

  1. Entiendo lo de la emoción, a mi cuando tenía esa edad, me regalaron unos patines Sancheski con las ruedas rojas de fribra de lo que sea. Y PAblo se merece esa bici, ánimo con Indurain, madre.

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