La última vez


Nunca sabes cuándo será la última vez. La última vez que ves a tu abuelo. La última vez que besas a tu amor. La última vez que te bañas en el mar. La última vez que cantas en un coro. La última vez que suspendes un examen. La última vez que lloras. La última vez que tocas un objeto cotidiano o que escuchas una canción o que saboreas un higo de miel en el corral de tu yaya lola.
Cada día, al ir a trabajar, paso por una casa abandonada. Por la ventana entreabierta se ven los restos de un salón. Quienes allí estuvieron por última vez dejaron las tacitas de café en el aparador, el tapete de croché, el cuadro de la caza del ciervo.  Ahora está todo cubierto de polvo y basura, las cortinas están desgarradas y la ventana tiene el cristal roto. Probablemente los últimos que allí estuvieron no sabían que nunca volverían a entrar. Y si lo sabían, les importó bien poco.
Nunca sabes cuándo será la última vez. Por eso me gusta saborearlo todo con intensidad, por si acaso. Cada año, cuando me zambullo en el agua el primer día de la temporada de piscina pienso lo mismo: qué placer, otra vez. Qué suerte que haya podido repetirlo.
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2 comentarios en “La última vez

  1. Nos queda otra alternativa: Todo momento es sin remedio la primera y la última vez. Así que hay que echarle ganas para saborearlo. Siempre que nos dejen, claro.

  2. Nunca Martica, nunca, pero sabemos que quedan muchas "primera vez"… tu y yo lo sabemos. Lo sabemos y no lo bucamos. Sabemos que llegará…ahí tenemos el camino, y es un camino nuevo que andaremos por primera vez.

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