Viaje Organizado


"Como una ola". Ya lo decía la Jurado, el Matarraña "llegó como una ola", "pasó como una ola" y "se fue como una ola". Es lo que tienen los viajes organizados: que están organizados.
Hace muchos años, pero muchos, muchos, que no me iba en un viaje organizado. Me parece que desde el viaje de estudios, hace ¡veinte años! (joder, cuando empieza a hacer veinte años de las cosas es que ya te vas haciendo mayor…). Ha sido para mí como un retorno a la adolescencia, solo que esta vez la media de edad del autobús superaba al número de plazas.
Antes de nada debo decir que me lo he pasado estupendamente, que el grupo y el guía han sido estupendos y que el Matarraña me ha sorpendido mucho, no imaginaba que fuera tan hermoso, tan verde, tan majestuoso. Pero mi carácter no va con los viajes organizados, porque pongo por caso, estás viendo un riíco (nota: riíco: río pequeño) tan ricamente, y piensas, me quedaría aquí toda la tarde viendo pasar el agua. Pero no puede ser porque el grupo tiene que seguir camino para visitar otra puñetera ermita. Que no tengo nada contra las ermitas, de hecho la primera me pareció preciosa.Y la segunda, y la tercera. Pero hay un límite en la naturaleza humana para todo, también para asimilar información sobre ermitas, torres de vigilancia, lenguaje íbero, mazmorras, hoteles con encanto, iglesias, castillos, fábricas de papel reconvertidas en galería de arte, historia del matarraña, centros de interpretación del porcino, del aceite, de los poblados íberos, de las excavaciones arqueológicas y del copetín con ruedas.
Pues de todo eso tuvimos tiempo, y de mucho más, en treinta y seis horas. También os digo una cosa, mis queridos inexistentes lectores (algunos de los cuales también estuvisteis en el viaje al Matarraña): no fui la única en sentirse colapsada, sed honestos.
Y luego está la parte B de todo viaje organizado: por mucho que se organice, hay cosas que no se pueden organizar. Básicamente no puedes organizar la complejidad de la psicología y las relaciones humanas. Y treinta y seis horas dan para mucho. En treinta y seis horas los individuos de un grupo tan pequeño se comienzan a conocer bastante bien.
Yo, por ejemplo, llegué a varias conclusiones. La primera: que cada matrimonio es un mundo y los dos habitantes de ese mundo se simbiotizan. La segunda: que hay gente pa tó. Y la tercera (por hoy): que cuando las mujeres se quedan solas, sea por viudedad, divorcio u otras razones, cuando se quedan solas las mujeres viajan. Los hombres solos no. Pero ese colectivo de mujeres solas no es homogéneo, porque también hay mujeres pa tó. Están las mujeres que miran con desafío, las que miran con espanto, las que miran con indiferencia, las que miran con rabia, las que miran felices como lombrices. Las que buscan chacras, las que buscan preguntas, las que buscan respuestas. Pero todas, todas, buscamos compañía. Y os digo más, mis queridos: todas buscamos compañía masculina (excepto las lesbianas), aunque casi ninguna lo reconozcamos en alto. Y mientras tanto decimos que buscamos las energías que surgen de nuestro interior. Sí, sí…. energías….
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2 comentarios en “Viaje Organizado

  1. Con este despliegue de observaciones, es que no ‘te se’haescapau’ ni una, mañica mia. Y mi crónica (…) se conformará con ser la oficial, por un porsiacaso, je, je,je. La verdad, ¡muy bien!

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