Lluvia de arena


He leído miles de libros en mi vida. No los he contado pero sé que son miles porque tengo una desviación mental que me obliga a leerlo todo: la composición del champú, las ofertas del papel  higiénico, los ingredientes de las galletas sobre todo cuando vienen en varios idiomas.
Y el otro día, así como por azar, me dí cuenta de que los libros han sido sobre mí como una lluvia fina, como la arena en un reloj. Cada libro es un granito de arena que se ha ido posando sobre mi piel hasta dibujar un paisaje que soy yo, y que se sigue construyendo y redibujando a cada momento, con cada nuevo libro. Pero lamentablemente el paisaje que yo soy poco tiene que ver con las enseñanzas y la sabiduría emitidos por los que escribieron los libros, porque en realidad no soy capaz de repetir las tesis sostenidas por Kierkegaard, Ortega y Gasset, Saramago, Valle Inclán, Galdós, Vargas Llosa y los otros cientos de integrantes del batallón de autoridades que componen mi ejército de fantasmas de la sabiduría. Os juro que los he leído a todos y a muchos más, buenos y malos escritores, novelistas, filósofos, ensayistas, cronistas. Pero no he sido una alumna aplicada: no he sabido asimilar sus enseñanzas. En cambio guardo en mi memoria un baúl de sensaciones y de imágenes, casi siempre puramente subjetivas. Algunas veces son sólo asociaciones de ideas. Hay libros de los que no recuerdo el argumento pero sí la luz que entraba por la ventana mientras los leía o el tacto de las hojas o el color de las tapas.
Me acompañan personajes, paisajes, sensaciones, pero no soy capaz de analizarlos objetivamente. Así que los llevo conmigo todos revueltos, sin espíritu crítico ni ánimo botánico. Son como una nube de mosquitos revoloteando a mi alrededor, todos como de la familia pero sin saber nunca si son primos segundos por parte de madre o simples vecinos de escalera.
Creo que he perdido el tiempo y la oportunidad de volverme sabia. Una pena.
 
 
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Un comentario en “Lluvia de arena

  1. Pues a la mayoría de la gente, de los que leen, les preocupa recitar de carrerilla títulos y autores de libros, o de películas.’Contra’ más larga sea la lista, mejor. Eso es señal de que lees mucho. Mejor, ya importa menos.Y se ponen pero que muy nerviosicos si tal o cual libro no les viene a la cabeza.

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