De Robinsones y naufragios


El huracán que azotó Chile también ha pasado por la isla de Robinson Crusoe. Hay cuatro muertos y cinco desparecidos. Nada es lo que era. La isla del naúfrago también está poblada, conectada, colonizada. ¿Dónde irán ahora los naúfragos para estar en soledad?
 
Mi suegrecica me llevó el otro día al nuevo centro de interpretación de Gallocanta, un gran ventanal abierto a los hermosos atardeceres de la laguna. Allí estaba ella, frágil en su luto, el pelo revuelto por el aire, sentada mirando a través de los prismáticos ese paisaje que ha visto cada día durante ochenta años. Una anciana que soporta el peso del mundo mira con ojos nuevos su horizonte. Sobrevive a su naufragio, a su pesar. Los robinsones estamos ahí, en todas partes y en ninguna. En nuestras islas invisibles, esperando que llegue nuestro barco.
 
No creáis. Todos somos robinsones. Llegados a cierta edad, cada cual sobrelleva sus naufragios como puede: busca sus prismáticos, enciende sus hogueras y habla con los cocos de las palmeras. Así es la cosa.
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