Homenaje a Jesús


El miércoles 3 de febrero la Plataforma Tecnológica del Agua de España le rindió un homenaje a Jesús, dentro de sus II jornadas de I+D+i. Allí que nos fuimos, al hotel Wellington, una nutrida representación de la familia, los amigos, el Ayuntamiento y la Eupla. Nutrida aunque pequeña representación, porque hubo mucha gente a la que no pudimos llevar porque la asistencia era limida.
Para todos, y especialmente para mis chiquillos (que allí estaban, más guapos y más formales que un sol), fue muy emocionante y muy grafiticante comprobar hasta qué punto era Jesús querido, valorado y respetado en esos foros de la hidrología de alto nivel. Me resultó impactante ver a hombres hechos y derechos llorar y emocionarse por Jesús. Ay, si Jesús lo hubiera visto. Sólo por eso valió la pena tanto esfuerzo. Y eso que para Jesús no supuso un esfuerzo su actividad en Madrid, porque lo hacía por verdadera vocación, por el puro gusto de encontrar un foro con capacidad de respuesta a sus capacidades y su inventiva. Ya sabéis que por dinero no lo hizo. Nunca cobró nada por todo eso. Pero fue feliz.
 
Os pongo las palabras que leí allí, en el homenaje. Lo hago porque me lo pide mi amiga Lamari. Esta noche he soñado con Jesús. Sentadicos en un banco me daba un beso.
 

Hoy, después de escucharles a ustedes hablar sobre Jesús, quisiera hablarles sobre mí. Quisiera hablarles sobre mí, sobre nuestros hijos, nuestra familia, nuestros amigos, nuestros compañeros en el Ayuntamiento de La Almunia, del que Jesús era concejal; sobre nuestros compañeros en la Escuela Universitaria que hoy también nos acompañan. Cualquiera de nosotros, y probablemente yo mejor que nadie puede explicarles hasta qué punto era para Jesús una satisfacción su presencia aquí, en Madrid, en este foro donde se sentía tan comprendido y tan respetado. Ésta era, en los últimos tiempos, su mayor fuente de satisfacciones.  

Jesús desplegó  durante toda su vida una enorme capacidad que conjugaba la imaginación, el conocimiento técnico y una seguridad temeraria para desarrollar soluciones innovadoras a cuestiones muy variopintas. Cualquiera de nosotros les puede contar historias sobre cómo la primera reacción ante sus propuestas solía ser el estupor, la incredulidad, incluso el rechazo, para poco a poco pasar a ser aceptadas como la solución más válida. Hablo de cuestiones técnicas, como la ventilación proporcional, la gestión de residuos animales o el hidrante telecontrolado, pero también de cuestiones prácticas, como sus planteamientos políticos, los problemas de sus amigos o su visión sobre la escuela universitaria de La Almunia.  

Estoy segura de que ustedes, en algún momento, también sintieron ese vértigo al escuchar a Jesús. Jesús no tenía ningún inconveniente en poner voz a lo que los demás pensamos y no nos atrevemos a decir, o a pensar lo que los demás no nos atrevemos a pensar. Este rasgo de carácter, que en muchas ocasiones le hizo sufrir por sentirse solo e incomprendido, fue también lo que hizo de él una persona muy querida y valorada en entornos muy distintos, la persona a la que hoy homenajeamos aquí.  

Estoy segura de que Jesús se habría sorprendido y se habría emocionado al comprobar hasta qué punto era querido y admirado. Especialmente aquí, porque como les digo éste fue el foro donde finalmente encontró la comprensión a sus planteamientos técnicos, lo que en definitiva era más importante para él.  

Cuando Jesús murió, todos los que le queríamos sentimos, de un modo u otro, un nuevo vértigo. El vértigo de sentirnos, de pronto, abandonados. Porque Jesús era el pilar donde se asentaban muchos proyectos. No sólo sus hijos quedaron huérfanos. También su empresa, su Ayuntamiento, su Escuela, sus padres y hermanos, sus amigos, sus compañeros de Afre, de la Plataforma, del mundo hidráulico.  

A todos les digo que es inútil tratar de sustituir a Jesús. No somos él, no podemos ponernos en su cabeza, eso está perdido. Pero sí podemos aplicarnos las lecciones que de él aprendimos: podemos atrevernos a buscar soluciones innovadoras, podemos poner la técnica al servicio de nuestros problemas en lugar de colocar los problemas al servicio de la técnica. Podemos atrevernos a desplegar nuestra energía, podemos atrevernos a ser ambiciosos hasta lo máximo en nuestros planteamientos, sean éstos empresariales, sociales, políticos o personales. Podemos atrevernos a romper con lo establecido cuando lo establecido no nos parece correcto. Podemos y debemos atrevernos a ser valientes, a decir lo que pensamos, a hacer lo que debemos. Ése, y no otro, es el único homenaje que Jesús querría recibir.  

Si Jesús pudiera se lo diría él mismo.  Pero no hace falta, ustedes ya lo saben. Sólo nos queda atrevernos a no dejar en el olvido tantas y tantas tareas que dejó inacabadas. Quizá sólo una cosa más: cuando dentro de unos años algunas de sus propuestas se hagan realidad, ojalá haya quien pueda decir “eso también fue idea de Jesús”.

En mi nombre y en el de todos los que le quisimos, gracias por colaborar a ello.

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2 comentarios en “Homenaje a Jesús

  1. Yo creo que Jesús sí lo ha visto y te ve a ti, a vuestros hijos, a todos los que le habéis querido y habéis compartido parte de vuestra vida junto a la suya. Ya que como tu dices, en lo que hacéis está su espíritu, el que él os transmitió. Seguro que está muy orgulloso de vosotros. Muchos besos

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