Réquiem por el rey de la noche


Ha tenido que morirse el pobre Maicol Jacson para obtener el reconocimiento unánime a su calidad artística. Parece que su esperpéntica etapa final ya no tiene relevancia, sólo recordaremos su música y su don natural para el espectáculo.
No me digáis, queridos inexistentes lectores, que no os trae a la memoria a otro pobre, Wolfgang Amadeus Mozart, niño prodigio llevado por su padre de sarao en sarao que también murió joven, explotado y en penosas circunstancias, dejándonos una obra brillante y una capacidad magistral para hacer de la música un espectáculo. Quién va a acordarse de sus debilidades y sus rarezas escuchando el aria que canta la Reina de la Noche en la Flauta Mágica…
 
 
Es quizá el triste destino de los niños prodigio, al que sólo algunos pueden escapar: los que tienen la valentía de mandar el artisteo y sus miserias a tomar por culo, como Marisol. Claro que si Jackson, o Mozart, hubieran tomado esa decisión nos habríamos perdido el Requiem, el Ave Verum, la reina de la noche, o Thriller.
La vida es contradictoria…
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