La más hermosa


No necesitaba que nadie se lo dijera. Ella se sabía la mujer más hermosa del pueblo, y también la más inteligente, la más instruída, la más decidida. No había nadie como ella en todo el pueblo. Por eso, cuando se miraba al espejo, lo hacía con un puntito de soberbia y un sorbo de frustración.
Tomó la decisión de abandonar la aldea y, sin despedirse de nadie, marchó a la ciudad.
Cuando bajó del tren miró a su alrededor. La estación era un hormiguero de gente en movimiento. Todos parecían saber perfectamente de dónde venían y a dónde tenían que ir. Todos menos ella. No se sentía capaz de orientarse en el laberinto de luces y sonido. No entendía las señales. No comprendía nada. Una azafata, joven, elegante y bellísima, se ofreció a ayudarla: ¿cual es su tren, señora? ¿Mi tren? Mi tren ya se fue hace muchos años, cuando se marchó el penúltimo habitante del pueblo y me quedé allí, más sola que la una, la más guapa del pueblo, sí, y la más fea porque otra no había…
Rumiando sus palabras se volvió a subir al tren, vale más ser la reina de la aldea que una hormiga en la capital.
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Un comentario en “La más hermosa

  1. yo me pido hormiga con compañia. No es bueno ser la reina de nada, las reinas están muy solas en sus palacios. Mira la Sofi y la Leti-

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