Mi mundo sabroso


De cada uno de los objetos que me rodean guardo memoria de su origen. No importa su valor material sino cómo llegaron a mí: quién me lo regaló, dónde lo encontré, por qué lo necesité. Son como el ADN de mi vida. Puedo vivir sin ellos, pero no sin los recuerdos de quienes los trajeron.
Algo parecido me ocurre con las comidas. Casi todas las personas que quiero han traído a mí alguna comida. No sé si, incluso, el mecanismo es el contrario: aquel que trae a mi paladar un plato pasa a formar parte de mi particular cielo protector.
Las lentejas y las espinacas vinieron de la mano de Paolisa. No es que no las hubiera comido antes, pero nunca las había cocinado yo misma. Desde entonces, cada vez que las espinacas se funden levemente en la sartén se presenta en mí el recuerdo de la caótica italiana. Las paellas son, con permiso de Pascual, cosa de Pepita. Nadie las ha hecho como ella. Lo he intentado pero fracaso una vez tras otra. La pasta la trajo Jesús, será por su anterior reencarnación en la Reggio Emilia. Marilar, fíjate tú, es la ensalada con queso de cabra y beicon, nueces y pasas, todo en aceite de oliva calentito. Cierro los ojos y oigo el cri-cri del aceite sobre la lechuga. Exquisito.

Los postres y bizcochos son Inés y Ana. Inés, la sección thermomix. Y Ana, la sección tradicional. Ahora paso muchas tardes encantada con la magia de la levadura sobre la harina. Las harinas, todo un mundo fascinante.

Inés, además de ser la mujer thermomix, me enseñó a hacer cocido al estilo leonés. Y me suministra pimentón de la Bañeza, elemento imprescindible en la cocina.

De Gallocanta, sobre todo de mi suegra Pilar, traje grandes aportaciones. Especialmente dos: los buñuelos y las técnicas de congelación y conserva. Mi suegra no es una excelente cocinera pero tiene sus valores seguros, como las albóndigas de pescado con sus trocicos de tocino. Algo parecido sucedió con mi abuela Dolores, que para mí es la sémola con grumicos, Mmmmmm Y mi abuela Benita, que cada vez que nos freía patatas cometía un crimen de lesa humanidad, pero hacía una sopa rotunda que saboreo en mi memoria casi veinte años después de su muerte.

Las limitaciones culinarias de mis amigos también aportan a mi mente cocinera, porque se aprende de los errores y mejor si los errores los comete otro. En lugar especial coloco a mi querida Cécile, que necesitaba el libro de cocina para calentarse la leche y que fue capaz de cocinar un conejo a la mostaza que se grabó a fuego en mi recuerdo porque era absolutamente incomestible.

Nada de eso sucede con Conchita. Ella es como mi guía espiritual mañanera: por ella supe que la col no puede cocerse tapada, y por tanto no se puede hacer en la olla porque toma demasiado sabor. Que las lentejas quieren mucho aceite y un buen casco de cebolla. Cosas así.

En la base de todo, en el fundamento de todo este castillo variopinto, el lugar principal lo ocupa sin duda mi madre. Sin ella todo esto no tendría sentido. Hay todavía muchas comidas en las que no tiene competencia: la tortilla de patata, el estofado, el caldico de carne (se me hace la boca agua)., el potaje de garbanzos…  Pero lo que más ha marcado mi existencia culinaria es el "estilo estozolao": es decir, cómo improvisar una comida y que salga riquísima (y ser incapaz de repetirla otra vez). En eso soy una alumna aventajada, como diría Pascual con una sonrisa picarona.

En realidad, la improvisación culinaria, como en cualquier arte, requiere del dominio de ciertas técnicas básicas. Luego las combinas, creas paralelismos y variaciones segun lo restos que tengas en la nevera y… tachán… estupendas croquetas de espinacas, pongamos por caso (las croquetas, con perdón de mi madre, me salen mejor a mí. En mi opinión).

Ese dominio de la técnica sería el que me gustaría tener con el piano, pero como lo estudié en soledad y con mucho sufrimiento luterano, sufro ahora las consecuencias del aislamiento. Si hubiera tenido más amigos pianistas y menos cocinillas sería una magnifica concertista. Pero mi universo no sabría a nada.

Así que gracias a todos. A los que estais y a los que no estáis ahí detallados. No dudéis que de cada uno tengo un plato en la memoria.

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4 comentarios en “Mi mundo sabroso

  1. Bien tia Marta, bien, veo que esto retoma su antiguo cauce. Empezaba a echar de menos leerte a diario. Me temo que voy a suplantar a tu querida madre, tienes que probar mi tortilla de patata. Y mi pescado al horno sobre nido de patatas y calabacin.  Ñam!

  2.  
       Que bonito, como me gusta "tu coco". Te he leido y despues de una tarde atormentada podre dormir tranquilamente.  Intentare pensar en tu croquetas y sobre todo en lo bonito que es lo simple.
    Buenas noches y gracias.

  3. Hola guapa. Me acaba de entrar un hambre que no veas. Espero que te acuerdes de las Chiretas de Barbastro y así te acuerdes de mi. Besos y más besos de chocolate

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