er shiki shiki


Eurovisión fue para los españoles la primera ocasión de oir hablar en inglés o francés, la primera puerta a Europa. Ganar o perder, hace no tanto, era una cuestión de orgullo nacional y reivindicación de nuestra dignidad cultural. Más o menos lo que les ocurre ahora a los suevos y los alanos que compiten y ganan, año tras año, como si les fuera la vida en ello.
Nosotros ya no lo vivimos así y por eso no hemos ganado el concursito desde la época en que Massiel bebía fanta. Lo saben bien los profesores de Fama y de Supermodelo: no se puede ganar si no se quiere ganar.
Llevamos años enviando canciones horrorosas que nadie recuerda, cantantes mediocres, pobres artistas que defendían lo indefendible (recordad a Rosa dando saltitos living a celebration). Tampoco es que los demás países fueran mucho más allá. Incluso se está optando por enviar chicas estupendasssssss con muuuuy poca ropa, que siempre tiran más dos tetas que dos carretas.
El caos llegó al concurso cuando sustituyeron al imparcial jurado por los votos sms. Era obvio que ocurriría lo que ha ocurrido: todos nos volvemos nostálgicos y patriotas en la emigración, así que siempre gana el país con más nacionales desplazados, o el que menos animadversión genera a sus vecinos.
Total, que en un intento final de democratizar la selección de la canción española, se les ocurre hacer un concurso por internet, aprovechando el tirón de la publicidad viral. Y va y gana un Chikilicuatre, a pesar de los esfuerzos desesperados de la organización por evitarlo.
Ahora vienen los análisis: un fantoche, un personaje que, respaldado por una productora potente, canta una canción infame. Etc Etc
Pero entonces, ¿por qué ganó por abrumadora mayoría? ¿por qué todo el mundo canta la canción? ¿Por qué, señor, por qué?
Pues, en primer lugar, porque tiene mucha gracia. En cuanto nos han dejado, nos hemos permitido el lujo de reirnos de Eurovisión, del artisteo y, sobre todo, de nosotros mismos.
Porque, en segundo lugar, reconocedlo: cuando estamos de fiesta no bailamos pop internacional con cara de interesantes. Bailamos la Carrá, Georgi dann, los chunguitos. Lo cantamos a voz en grito. Sudamos. Nos reímos. Somos chiquilicuatres sin más aspiraciones que deshinibirnos y disfrutar.
Y, por último, más sesudamente. El chikilicuatre y su cancioncita es la versión actual del pícaro Lazarillo, el que comía las uvas de tres en tres, o del Buscón Don Pablos. No es un artista de la canción, sino un artista de la supervivencia, un pícaro honrado y con sentido del humor que sabe perfectamente dónde se mete, con quién compite y qué quiere ganar. Porque Rodolfito ya ha ganado. Y nosotros también, los pícaros españolitos, los que se ríen del hidalgo con capa y espada que no tiene qué comer pero sí mucha honra y mucha sangre de cristiano viejo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s