EUROPA


Mi sobrino parisino sigue ahí, recibiendo visitas. Vamos a París como quien va al pueblo de finde. Cómo han cambiado las cosas. Cuando me marché a estudiar mi posgrado a Bruselas era casi una rara avis. Nadie salía a estudiar un posgrado fuera de casa. Mucho menos de filosofía del derecho. Y Bruselas sólo existía en los telediarios. Hice al menos cinco viajes de o a Bruselas desde La Almunia en autobús. Autobús directo, eso sí, Zaragoza-Bruselas. Veinticuatro horas de viaje, de las cuales buena parte recorriendo la costa gerundense. Ni se planteaba ir en avión, el precio era absolutamente prohibitivo.
Mi primer viaje en autobús fue un verdadero viaje inicíático al concepto de ciudadanía europea. Me subí con mi maleta y mi bolsa con bocadillos y kitkats. Cuatro horas después ponen una peli: Lo que el viento se llevó. Pero en inglés. Subtitulada en holandés. Yo iba a quejarme cuando me dí cuenta de que todos los pasajeros, salvo yo, entendían una u otra cosa. Todos menos yo y una loca que se pasó todo el viaje (recordad: veinticuatro horas) hablando sin parar. La loca, claro, era española.
Cuando llegamos a Bruselas me las apañé para bajar al metro y encontrar el que me correspondía para llegar a mi residencia. No supe dónde había que comprar el ticket, así que no pagué, pero el espíritu del Manneken pis me protegió esta vez y no pasó un revisor, lo que no es raro porque luego entendí que todo el mundo pagaba y ya está.
Y cuando llegué a mi nueva residencia comprobé maravillada que era una casa con estudiantes de todo el mundo, y que no tenía portero. ¡¡¡podía entrar y salir sin dar cuentas a nadie!!!! de hecho, a nadie le importaba si entraba si salía o si me acostaba con tres (que no me acosté, mamá).  Mi casa estaba en pleno barrio turco de Bruselas, con sus tiendas de verduras y alimentación abigarradas de olores, como las que ahora hay aquí pero que yo no recordaba desde que, cuando era muy, muy niña, cerraron las últimas tiendas de ultramarinos; sus carnecerías musulmanas, sus bazares, las tiendas de bocadillos moros…  Y luego estaba el resto de Bruselas, carísimo para mí pero limpio y brillante, un poco provinciano, lleno de funcionarios y stagières, de bares pijos y de cervezas belgas. El museo de Arte, el museo del Cine, las películas de tarkosvy en ruso (subtitulado en italiano). Tantas cosas nuevas.
 
Eso, para mi, fue mi primer encuentro con Europa. Y sólo hace diez años. Pa que veas, maripili.
 
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s