CUDITA


Ayer me escribió Cudi. Cudi es mi amiga del alma de los tiempos de la universidad, y la única que en realidad conservo de entonces. Vivíamos pared con pared en la residencia Santa María Reina y compartimos alegrías y penas durante unos años.
Supongo que éramos una pareja curiosa, porque yo soy como soy (chiquitica y gordezuela) y Cudi, sobre todo entonces, era una mujer bandera. Alta, morena y con curvas peligrosas, los taxistas la paraban para echarle piropos y los chicos nunca la miraban a la cara, porque los ojos se les atascaban un poco más abajo (justo a la altura de los míos).
Cudi era coqueta y muy apañadica, así que un día me pidió que le acompañara a una tienda de telas para comprarse lamé para hacerse un top. Allá que nos fuimos, a la calle Alfonso. Nos viene a atender un dependiente muy atildado, muy cuarenton, muy dueño de su oficio. Y Cudi se empieza a explicar:
"Buenos días"
El dependiente, con los ojos fijos en el lugar acostumbrado, responde educadamente "buenos días".
"Quería que me enseñara…." Cudi mueve las manos como si estuviera madejando lana. El dependiente mira hechizado.
"Lamé. Quiere lamé".
"Eso. Lo necesito para…. para…." Y señala con las manos la zona del cuerpo que queria cubrir. El dependiente comienza a sudar.
"Para un top. Lo quiere para un top".
"Eso".
El dependiente aún debe de acordarse del día en que Cudi fue a comprar lamé.
Otro día os cuento más cosas de Cudita.

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