Aquí no hay quien viva


A menudo tengo la sensación de que vivo en el plató de una de esas series de televisión llenas de personajes que entran y salen de una casa. Mi casa es así. Yo observo, miro las casas ajenas, y me doy cuenta de que lo normal es que cuando uno cierra la puerta de su casa, sólo él decide si se vuelve a abrir o no. Pero mi casa no es así. Yo estoy en mi casa, tirada en el sofá, y sé que en cualquier momento se puede abrir la puerta y entrar alguien. Por ejemplo, mi cuñada.
Mi cuñada no es mi cuñada verdaderamente, pero como si lo fuera. La verdad es que le tengo muchísimo aprecio, es muy buena, no se mete en nada y quiere a Pablo con la misma locura que quiere a Alex. Pero habla mucho. Mucho, mucho, mucho. Y no desata nada. Por ejemplo, estoy hablando por teléfono (en mi casa) y entra mi cuñada por cualquiera de las dos puertas. Y empieza a decirme cosas, del tipo "ah, que estás hablando por teléfono. ¿va a vernir Alex a comer a casa de mi tia Antonia? Porque ha hecho pollo con patatas y a Alex le encanta el pollo con patatas, el otro dia se comió dos platos pero luego se marchó corriendo, que este chico últimatmente no para en casa, es una pasada……" Y sigue hablando, y yo la miro y asiento mientras sigo hablando por teléfono. O habla mientras hablo con otro. O habla mientras cenamos. O mientras intento dormir la siesta. O cuando salgo por la puerta para marcharme de casa…
 
También está mi madre, que también es muy buena, no se mete en nada y la quiero mucho, pero me vuelve chichorreta. Y también habla sin parar, habla mientras yo hago cosas y me va siguiendo a medio metro, hablando hablando hablando. Yo hago la cama y me habla. Recojo la ropa en el armario y me sigue hasta dentro, hablando. Me voy al baño a pasarle un trapo y me sigue, hablando, hablando. Me pregunta Pablo alguna cosa, o viene Alex a decirme algo y sigue diciéndome cosas. De los temas más inverosímiles. Habla tanto que no tiene tiempo de escucharme. Cuando le tengo que decir alguna cosa que quiero que entienda, le tengo que parar y preguntarle "mamá, ¿me has entendido lo que te he dicho? Para un momento y escucha lo que te digo.". Sólo lo hago en los mensajes imprescindibles, del resto me da igual que se entere plenamente o no. Sé que parece brusco (ES brusco) pero es la única manera. De todas maneras, hay que aprender a vivir con esto.  
Y otro personaje es Conchita, que también viene y entra y sale, aunque la verdad es que de forma mucho más prudente. Pero también habla, también. Muy alto.
 
Luego está el resto. Nuestros amigos, los amigos de Alex. Las visitas. El perro.
 
Ya digo. Mi casa está repleta de gente. Como en "Aquí no hay quien viva" pero sin ascensor.
 
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2 comentarios en “Aquí no hay quien viva

  1. desde esta otra dimension donde me encuentro,donde toda mi ocupacion es superar momento a momento, hora tras hora, poder dejar descansar la cabeza y ponerma en otro sitio que no sea yo,tu me alegras, me emocionas, me haces reir y me recuerdas que tengo un mundo fuera de aqui.  Los momentos en los que entro en tu blog son estupendos.
    Gracias Martica.

  2. A mi me encanta que me leas y que te sirva de compañía. Es como tenerte un poco más cerca. Parece que el hospital desaparece, se caen las paredes y estamos bajo la parra del porche, en el roble. Ya falta poquico, Mari. Y ya sabes que San Juan es casi tan eficaz como los chamanes amazónicos.

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