la stasi


Vivimos en un mundo globalizado, donde la información fluye sin barreras. O existe el Gran Hermano. O la Stasi abandonó Alemania y se trasladó a la textil. Ésa debe de ser la razón por la que mi cuñada sabe cosas de mí que ni yo misma sabía que sabía.
Dos muestras.
Muestra 1: decido ser la secretaria del alcalde (quiero decir, la jefa de gabinete) y sólo lo comparto con mis jefes (el nuevo y el antiguo), mi madre y mis amigas más íntimas. Secreto de estado. Y a los tres días me dice mi cuñada… "oye, pero es verdad que te cambias de trabajo?".
–  "pues hombre, sí". Y le cuento la cosa, con un nudo en el estómago. Y le pregunto, "¿pero tú cómo te has enterado, si no lo sabe nadie?"
– "a mi me lo ha dicho mi amiga. Se lo habrán contado las de la fábrica".
JODER.
 
Muestra 2: llego a trabajar el miércoles al ayuntamiento y el concejal de festejos cuelga un teléfono. "Primicia", me dice. "Acabo de apalabrar el concierto. Viene Pignoise".
A las tres me voy a comer. Entra mi cuñada y me dice… "¿pero sabes qué concierto viene estas fiestas? Pignoise.".
– "no me sacan sangre. ¿Cómo lo sabes, si me lo acaban de contar en primicia y me han hecho jurar secreto total?"
– "uy, pues lo sabe todo el mundo. A mi me lo ha contado la Reina, la de la fábrica."
JODER, JODER, JODER.
 
Seguro que las de la fábrica saben que en invierno llevo en las piernas unos pelos como enredaderas, que las cerezas me dan caguerilla y todos esos secretos inconfesables que nadie sabe sobre mi. Nadie, salvo las de la fábrica.
 
 
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