Vidas nuevas


Ayer mi amiga ingresó en el hospital. Mañana la operan. Imagino lo que sintió desde que subió al coche para ir al hospital, o cuando entró en la clínica por su propio pie, como quien va a un hotel. Te registras, subes en el ascensor, entras en la habitación… Pero no es un hotel. Y rápidamente te metes en el proceso hospitalario. Batas, sondas, vías. Dejas de ser persona, pasas a ser paciente. Mañana, los cirujanos trabajarán cinco horas transformando su cuerpo. Y después, durante cuarenta días, su cuerpo nuevo deberá aprender a funcionar. Cuarenta días para entrar en una vida nueva.
Es como la estancia de Jesucristo en el desierto o como la cuaresma. Cuarenta días. Y una vida nueva.
Pienso en los que me rodean y me doy cuenta de cuántas vidas nuevas tengo a mi alrededor. Mi madre, por ejemplo. En marzo de 2006 pasó también su propia cuarentena al borde de la muerte. Y la madre que salió de esa crisis no es la que era. La verdad es que es mucho mejor. Mañana se jubila, feliz y contenta, y otra vez comienza una nueva vida.
Hay otra mujer que ha comenzado una vida nueva: la hermana de mi otra amiga. Hace unos meses se separó de hecho de su marido. Como fue un "me separo sin separarme", puso tierra de por medio. Mucha tierra. Tuvo que dejar atrás todo: sus hijos, sus nietos, sus amigos, su familia… Su casa, sus cosas, su dinero. Se vino con lo puesto, porque no podía decirse a sí misma, ni a los demás, que se venía. De pronto, todo su esquema vital se hunde. Se transforma. Y poco a poco ves pequeños cambios. Cambia su forma de vestir. Cambia sus rutinas. Se va a vivir sola. Se comporta como una adolescente. Redescubre la vida. Todavía le queda mucho camino por recorrer, pero yo la veo estupenda y mucho más feliz que en su antigua vida.
Otro que ha comenzado una vida nueva: el padre de las hijas. Ochenta y tantos años, viudo reciente, sordo. Pero se compra un coche porque quiere mantener su independencia y se va de paseíto y cañas hasta las tantas del mediodía. Como un señor.
Nuestras vidas comienzan y recomienzan una y otra vez. Es una suerte que nos pasen tantas desgracias.

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