Todo depende


Mi amiga se enfrenta al cáncer. Podríamos decir cualquiera de los lugares comunes propios de estos casos, pero lo cierto es que está muerta de miedo. Sin más.
El miedo es una fuerza poderosa, y además incontrolable. Un río de aguas bravas.
Es fácil aconsejar a quien no se quiere. Pero cuando es tu amiga, o tu hermana, quien  sufre un mal  como éste, ¿qué se le puede decir que le alivie? 
Yo me quedo sin palabras. No sé qué hacer para que no sufra tanto. Y lo cierto es que, al menos en este caso, el sufrimiento es psicológico porque no hay dolor físico, ni decadencia, ni degeneración. Sólo hay miedo. Pero miedo justificado, porque se diga lo que se diga, todos tememos al cáncer.
¿Qué tememos del cáncer? Tememos a La Muerte. Y tememos el final de nuestra vida, aunque sólo sea la vida que conocemos. Muchos enfermos de cáncer sobreviven, muchos de ellos lo hacen con una excente calidad de vida. Pero todos, todos los enfermos de cáncer se hacen plenamente conscientes de la finitud, de que nuestra estancia en este mundo es un mero accidente y que todo seguirá ahí cuando nosotros ya no estemos. Eso es lo que nos acojona.
La muerte es una certeza para todos. Pero sólo cuando tienes un aviso como éste te haces consciente. ¿qué hacer, cómo superar el miedo?
Yo pienso, y pienso. La primera conclusión a la que llego es que superar el miedo es condición indispensable para seguir viviendo. Con miedo no se vive. Sólo se espera, atenazado.
Pero, ¿cómo conseguirlo? Esa es la segunda conclusión. Cada cual debe encontrar su camino. Hay personas que consiguen desentenderse de su mal, especialmente mientras no afecta gravemente a tu integridad física, y continúan con sus actividades cotidianas. Hay otras personas que transforman la lucha contra su mal en su principal actividad, en su meta primera. Y hay otras que lo asumen y lo relativizan. Hay otras personas que no lo consiguen, y sufren dos males: el cáncer y el miedo.
¿qué va a hacer mi amiga? Lo que pueda.
¿qué haría yo? Lo que pudiera. En otras ocasiones de mi vida he debido enfrentarme a episodios muy dolorosos. De ellos saqué la siguiente lección: todo, todo lo que nos sucede, incluso lo que nos parece la mayor tragedia, tiene un lado positivo. Cuando el dolor es muy grande cuesta ver dónde está la parte positiva, pero siempre hay una. Lo que suele suceder es que hay que ser muy valiente y muy honesto con uno mismo para reconcer lo bueno que nos trae una muerte, una ausencia, una enfermedad. Pero siempre hay algo bueno. Una liberación, un espaldarazo para cambiar de vida, un replanteamiento de objetivos.
A veces, da más miedo la puerta que se abre que la puerta que se cierra.
Como decía la canción, "Depende, todo depende de según cómo se mire".

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